Arquitectura Lunes, 3 de julio de 2017

Rescate de la catedral metropolitana de la ciudad de México

Se trata de uno de los íconos de la arquitectura colonial, restaurado mediante técnicas avanzadas.

Por Arquitecto Carlos A. Grisolía - Director de CETArq www.cetarq.com.ar

 

La Catedral Metropolitana de la Asunción de la Santísima Virgen María a los cielos de Ciudad de México es la sede de la Arquidiócesis Primada de México y se ubica en el lado norte de la Plaza de la Constitución en el Centro Histórico de la Ciudad de México, en la Delegación Cuauhtémoc. Al formar parte del mencionado conjunto arquitectónico en esa área de la ciudad, es en consecuencia Patrimonio de la humanidad desde 1987.

Debido al prolongado tiempo que llevó su construcción desde 1571, poco menos de 250 años, prácticamente todos los principales arquitectos, pintores, escultores, doradores y demás artistas plásticos trabajaron en algún momento en la edificación. Esa misma condición, permitió que se integraran en ella los diversos estilos arquitectónicos que estuvieron vigentes en esos siglos: gótico, barroco, Churrigueresco, neoclásico, entre otros.

El 11 de abril de 1989, una gran lluvia reveló las severas fracturas de la Catedral y fue el hecho que disparó las tareas para la conservación de este monumento, dando lugar a los trabajos para rescatarla.

 EI proyecto se llamó “Rectificación Geométrica de la Catedral Metropolitana”, el que a partir de estudios de suelo y estructurales, permitieron determinar que la superficie en que está construida Ia Catedral ofrece resistencias con un considerable rango de variación y, por lo tanto, presenta diferente deformación a cargas iguales. Por esta causa, la Catedral sufrió deformaciones durante su construcción y a través de Ios años.

La historia de los refuerzos de la Catedral muestra múltiples y continuos trabajos de inyección de grietas, sin éxito efectivo.

Los trabajos de estabilización del suelo

Dos años tomó el construir los elementos del sistema, que en forma consistieron en Ia construcción de 30 pozos de 2.6 m de diámetro, algunos abajo y otros en torno a la Catedral y eI Sagrario; Ia profundidad de esos pozos debería llegar más abajo de todos Ios rellenos y restos de construcciones y alcanzar las arcillas por abajo de la cota natural, esto en profundidades que oscilan entre los 18 y 22 m. Dichos pozos se revistieron de hormigón y en su fondo se dispusieron boquillas de tubo, de 15 cm de diámetro, en número de 50, a 60 mm y a cada seis grados de la circunferencia. En el fondo, una máquina neumática y rotatoria, hace penetrar un tramo de tubo de 1.20 m por 10 cm de diámetro por cada boquilla, se retrae el émbolo y se acopla otro tramo de tubo que es empujado por el émbolo, que en operaciones sucesivas permite hacer penetrar estos tubos hasta 6 o 7 m de profundidad; a continuación se hacen regresar y se van desconectando de manera inversa, por tramos que obviamente vienen llenos de lodo.

El volumen total extraído (4220m3) fue equivalente al contenido de agua de dos piscinas olímpicas. Esto permitió que una de las obras más sobresaliente del arte hispanoamericano se nivelara.

El resultado final es que se hace un hueco o pequeño túnel de 6 a 7 m de largo por 10 cm de diámetro. A esa profundidad, la presión sobre el túnel es tal que se rompe la cohesión de la arcilla y el túnel se aplasta en poco tiempo, lo que provoca una transferencia de material, de arriba a abajo. Operaciones sucesivas en las 40 o 50 boquillas por pozo, permiten hacer una subexcavación en círculo alrededor de aquél, mismo que al irse aplastando ocasiona hundimientos en la superficie.

Paralelamente y para poder inducir estos movimientos a la estructura, fue preciso mejorar las condiciones de estabilidad y resistencia de la construcción, apuntalando Ias naves, los arcos que soportan la nave principal y la cúpula, además de zunchar siete columnas, que presentan fallas verticales muy peligrosas, mediante armaduras y refuerzos horizontales. Los apuntalamientos rematan en pequeñas viguetas que se apoyan en solo dos tubos, provistos de gatos que permiten subir o bajar las viguetas con objeto de que, al moverse, el arco cambie de forma y se ajuste a la del apuntalamiento, sin que se concentren las cargas.

La Catedral no quedó perfectamente vertical, pero su nuevo mejor aplomo favorece las condiciones estructurales para resistir eventos sísmicos.

Para evitar que esta técnica fuera sólo un procedimiento correctivo y que el hundimiento diferencial continuara a la misma velocidad, se decidió inyectar en el subsuelo de las zonas de mayor descenso una mezcla de agua, arena, cal y cemento (mortero) para hacerlo menos deformable y endurecerlo.