Opinión Viernes, 14 de julio de 2017 | Edición impresa

Por qué no es posible hoy un Pacto de la Moncloa

Por Por Luis Ojea - Sociólogo especialista en procesos de cambio organizacional y cultural

Se ha comenzado a escuchar y leer a dirigentes, analistas políticos y periodistas, plantear la necesidad de un Pacto de la Moncloa, "aggionardo" a la Argentina, para sacar al país de la actual situación.

Propensos al pensamiento mágico, ya tenemos la nueva fórmula para nuestra panacea política.

Sería muy ponderable que nuestra dirigencia consensuara acuerdos que implicaran una nueva manera de entender la acción política y generara Políticas de Estado, de largo plazo, que aseguraran la gobernabilidad de nuestra sociedad, en bien de las generaciones futuras.

¿Por qué, hoy, no es posible?

El llamado Pacto de la Moncloa, fueron varios documentos, firmados por los representantes de los principales partidos políticos, sindicatos y empresarios de España, en octubre de 1977 porque, se encontraba en una situación similar, en algunos aspectos importantes, a la de nuestro país hoy: 44% de inflación, alto niveles de desempleo, mucha pobreza, con impuestos regresivos y alta evasión, aislada internacionalmente, con fuga de capitales, la existencia de un empresariado corporativo, habituado al proteccionismo estatal y sindicatos que venían por todo lo quitado en tantos años de dictadura. 

El gobierno español lo formaba un partido político nuevo, la UCD, con el 35% de los votos. Un electorado fragmentado, con calles copadas por manifestaciones y años en los que se había ocultado y controlado la información. 

Una grieta producto de cuarenta años de dictadura. Un Estado sobredimensionado con una industria de baja productividad y calidad, que obligaba a devaluaciones permanentes de la moneda. Se importaba casi el 70% de la energía.

Ahora las diferencias que hacen que este tipo de pacto, hoy no sea posible en nuestro país.

¿Qué se acordó en ese Pacto, a nivel económico ? 

Se estableció el despido libre hasta un máximo del 5% de la planta de personal de las empresas, el límite de incremento de salarios se fijó en el 22% (inflación prevista para el año siguiente y no el anterior), se limitó la emisión monetaria y el gasto público, se devaluó la moneda, junto a reformas estructurales del sistema financiero, la seguridad social y fiscal.

Para lograr este consenso toda la dirigencia firmante, debió entender, madurar y aceptar nuevas maneras de hacer política, junto a la honorabilidad, credibilidad y grandeza que suponía.

Dentro de esa dirigencia, había un sector nuevo, que estaba dispuesto a dejar atrás lo viejo de la sociedad española y asumir el compromiso por el cambio. Dos de sus miembros firmantes, que serían líderes claves de la España posterior tenían: 45 años uno, Adolfo Suárez y 35 años el otro, Felipe González. 

Fue un verdadero cambio generacional con ideas y formas nuevas de entender la práctica política, la sociedad y su cultura 

Estos acuerdos implicaron que todos los involucrados, debieron ceder y perder algo al comprender el momento histórico en el que se hallaba su país.

Fue un claro triunfo del futuro sobre el pasado. Se dejaron de lado todas las facturas que pudieran tener para pasarse, el autoritarismo y la confrontación 

Ahora veamos en qué estuvo y está nuestra dirigencia que nos muestra, que es imposible, hoy, que pueda generar este tipo de acuerdos y consensos: 

* La mayoría abrumadora de nuestra dirigencia política, sindical y empresaria es la misma de hace 20 o 30 años y es la que nos ha traído hasta aquí, con los resultados lamentables a la vista.

Hay una ausencia significativa de nuevos dirigentes, al estilo de Suárez y González.

* Esta dirigencia se ha dedicado con saña a "la puja redistributiva", peleándose por quedarse con una torta cada vez más chica.

* La corrupción atraviesa transversalmente a la dirigencia política, sindical y empresaria con una cobertura de impunidad garantizada por parte del poder judicial de turno, que da por resultado un desprestigio que no baja del 70% y 80% en las encuestas de opinión.

* Produjo un sistema eleccionario donde se vota cada dos años, lo que ha destruido cualquier intento por pensar en el largo plazo. Así, en el año que no se vota, se dedican a trabar al que gobierna y cuando se vota, primero, se pelean para ver quien llena las listas y luego, entre todos para ver quién se queda con los cargos.

* La vieja y anquilosada dirigencia sindical se ha enriquecido, tiene una crisis terminal de representatividad y solo piensa en sus intereses.

* La dirigencia empresarial se ha formado en la protección y el lobby por lo que solo busca ventajas o prebendas para su sector, créditos especiales, regulaciones o medidas que les permitan seguir sacando ventajas.

* Se ha generado una grieta que va en aumento, exacerbada por las próximas elecciones.

* Se han hecho desaparecer los partidos políticos, dejando solo sellos vacíos de programas, plataformas y principios, donde se enquistan individualidades que deben ser conocidas por la televisión y las redes sociales, para que los voten, con poca importancia respecto a lo que hicieron o piensan hacer. Saltan de partido en partido o fracción en fracción y les da lo mismo hoy, estar con un dirigente y mañana criticarlo sin piedad.

* Está la clase dirigente más preocupada en garantizar la defensa de sus intereses, por ejemplo aumentarse las dietas, que en sacar las leyes que hacen falta para construir una sociedad más transparente, segura, predecible y sana.

* Esta dirigencia solo ha aprendido que pacto o acuerdos significan reparto de cargos, puestos y/o garantía de impunidad 

* Hoy gran parte de esta dirigencia está más preocupada en no ir presa, que buscar la grandeza del país.

* Autocrítica = cero

* Desde el 2001 no solo no se fueron, sino que vinieron hasta los que se habían ido.

Hay una larga lista de etc. etc.

Difícil que esta dirigencia produzca pactos y acuerdos que suponen diálogo, aceptar la verdad, una alta credibilidad, honestidad y grandeza al servicio del país.

Es la que "supimos conseguir" en 30 años de democracia, por lo que, hoy, el Pacto de la Moncloa, a la Argentina, puede seguir durmiendo su eterno sueño.