• Sábado, 17 de noviembre de 2012
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"Nosotras no somos obligadas, lo hacemos porque queremos"

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¿Hasta qué punto una mujer elige trabajar explotando su propio cuerpo? ¿Su situación fue producto de una decisión tomada en libertad o en realidad hubo un contexto que la determinó? Estos interrogantes son motivo de debate y tratan de ser respondidos desde distintos ámbitos. Quienes trabajan en pos de la defensa de los derechos humanos explican que en la gran mayoría de los casos (95%), una persona que explota su cuerpo ha sido víctima del abandono, la pobreza, la falta de educación y la marginalidad.

Justamente por eso, desde la Subsecretaría de Derechos Humanos provincial destacan la importancia de generar otras posibilidades para quienes afrontan situaciones de riesgo.

Fátima Olivares (58), secretaria de la filial Mendoza de Ammar (Asociación de Meretrices) sostiene un punto de vista distinto. Ella asegura que el trabajo sexual fue la opción que le permitió dar techo, comida y educación a sus ocho hijos. Asegura que "ahora hay más clandestinidad que antes" y que el trabajo sexual no es lo mismo que la trata. "Nosotras no somos obligadas, lo hacemos porque queremos", sostiene la mujer que desde los 24 años trabaja en la calle.

A pesar de defender su actividad, ella confiesa que siempre estuvo sola y que sólo pudo terminar la escuela primaria. De joven, asegura, trabajó en un matadero de pollos, donde le daban techo y comida para sus hijos. Pero ese lugar cerró y sus posibilidades fueron cada vez más escasas. "Por hacer servicio doméstico no me pagaban lo que necesitaba para criar a mis hijos. Por ellos soy capaz de todo", dice Fátima.