• Miércoles, 14 de junio de 2017
  • Edición impresa

Millennials: mucho celular, poco sexo

Un estudio de la Universidad de San Diego asegura que los nacidos entre 1980 y 2000 no tienen tanto interés en las relaciones íntimas como la Generación X (nacidos entre 1960 y 1986). Qué opinan los especialistas.

Analía de la Llana - adelallana@losandes.com.ar

Nacidos y crecidos en el apogeo de las nuevas tecnologías, la denominada generación Millennials (también conocida como Generación “Y”, o del Milenio) es la que sigue a la denominada  “Generación X” (nacidos entre 1960 y 1986).

Una mochila (depende por donde se mire) para los Millennials, que por contraste de épocas parecen tener grandes y significativas diferencias con las generaciones que los anteceden. Tanto es así, que un estudio reciente de la Universidad de San Diego aseguró que los Millennials tienen menos relaciones sexuales una vez cumplidos los 18 años que los de la Generación X.

Los Millennials son el centro de atención de análisis de muchos profesionales que intentan comprender la psicología y accionar de este rango etario en el mundo actual. Incluso muchos los han señalado como depresivos, con baja autoestima, inteligentes, caprichosos y con ambiciones incalculables. Hoy se les suma esta  nueva teoría sobre su vida sexual... ¿Pero será tan así? ¿Qué dicen los expertos?

Según opina el sexólogo y psicólogo Germán Gregorio Morassutti: “Coincido en la mirada del cambio social que ha ocurrido. Ha habido una transformación muy grande a partir de la tecnología, y tiene que ver con lo que ha generado ese cambio en las relaciones humanas.

Entonces es común ver tipos de interacciones entre los jóvenes de esta generación, como más rápidas, fugaces, sin posibilidad de involucrarse emocionalmente, o vivir experiencias sexuales más ligadas a lo ‘deportivo’ (en donde se busca  afuera el estímulo) que a una conexión con un otro generada internamente”.

- ¿Esto con qué se emparenta?

-Con no conectarse con las emociones, ya que cuando hablamos de un encuentro sexual aludimos a  una conexión y a un “encontrarse” con ese otro, para darse mutuamente placer...Para esto se necesita una conexión emocional que nos deje algo de ese encuentro. De lo contrario termina siendo una unión de dos cuerpos sin conexión.

Los cambios rápidos, efímeros, la falta de tiempo para procesar cada instancia que se vive y para poder así vincularse con un otro y pensar, son datos que hablan por sí mismos...Porque si no hay tiempo en estas generaciones de procesar, pensar y vincularse, probablemente no vaya a darse fácil el hecho de sentir alguna conexión- argumenta Morassutti.

En un mundo de matrix tecnológica, casi  parece imposible que no sea esta misma herramienta la que simplifique la comunicación real y la conexión entre los millennials para generar lazos donde la sexualidad aparezca para concretarse. Sin embargo y de manera paradojal, suele pasar lo contrario. “En esta generación se escucha más acerca de sexo virtual que real”, apunta el sexólogo.

Según el sexólogo “en realidad todo pasa más por  la fantasía, por mostrarse, y seducir al otro desde la otra parte de la pantalla...Es más importante la imagen y el ‘impactar’ que el vincularse”. 

- ¿Qué pasa con las redes sociales para buscar pareja?

-Importan desde el punto de vista de a cuántas personas llegar de manera masiva, para sumar likes, en donde en realidad no interesa establecer vínculos con nadie, sino ir probándose a ver hasta dónde uno genera impacto en la otra persona.

En realidad terminan siendo ‘relaciones’ de buscar y sentir, sin más que eso, sin moverse de la casa ni de al lado del teclado. Esto genera un aislamiento en cuanto a la posibilidad de interacción con un otro, cara a cara”.

Si bien muchos culpan a la tecnología como principal generadora de este modelo, la mirada merece un análisis más profundo.

En este sentido el psicólogo Mario Lamagrande opina:“el problema no es la tecnología, sino el demonizar o ensalzar elementos que facilitan o entorpecen la intimidad. Las personas deben darse el permiso de conocer de dar, y de dar paso a sus fantasías. Expandir la comunicación es un factor necesario de la sexualidad”

Por su lado, Morassutti  apunta: “no podemos ‘culpar a la tecnología de este tipo de interacción, sino más bien mirar más allá y no dejar de ver el fenómeno social que nos atraviesa, de lo contextual y de cómo se vive. No se puede ‘culpar’ a los millennials de experimentar estas formas de contacto, cuando es lo que les toca vivir”.

- ¿De qué manera equilibrar la balanza?

-Como todos los procesos de cambio, los fenómenos son como el oleaje que sube, pero que en algún momento, baja y se estabiliza.

Estamos en la cresta ahora, pero en algún momento las interacciones se van a acomodar, ya que la necesidad humana de conexión entre los seres humanos es necesaria y parte de la vida misma.

Por otro lado, si hablamos de  los “pros”  provenientes de esta mediación tecnológica,  Lamagrande señala:  “si lo referimos a la clínica vemos que hay un vuelco al auto erotismo que es positivo, es decir, hay un animarse a experimentar el disfrutar a solas... En esto hay menos prurito y un goce  de las  fantasías sin miedos”. 

Desear o no desear

Con respecto al sexo, la falta de interacción cara a cara, y los miedos, pueden generar que la tecnología sirva de “escudo protector”. “No es que el deseo de estas generaciones haya desaparecido, sigue estando, pero hay formas diferentes de comunicación, y no siempre buenas”, cuenta el sexólogo.

- ¿Puede llegar a generar algún tipo de trastorno la falta de contacto directo con la otra persona?

-Es lo que muchas veces se ve: ya sea desde trastornos de ansiedad, fobias sexuales, o la falta de deseo...Problemas que terminan por aparecer en la consulta. La sexualidad tiene que ver con la conexión y darse el tiempo de sentir placer, sin estar apurados por la inmediatez de la tecnología- concluyó Morassutti.