Sup. Cultura Sábado, 18 de marzo de 2017 | Edición impresa

Mejoremos nuestra expresión oral y escrita

Por María del Rosario Ramallo - neneramallo@ gmail.com

Leía, una vez más, las páginas de la obra “El español más vivo”, de la Fundación del español urgente (Fundéu), y quedaron grabadas en mi memoria estas palabras finales del prólogo: “El ultimísimo español es el que estamos haciendo cada día, el que está a tu alrededor en esa librería o aquel café y que, sin duda, oirás si te paras a escucharlo y le prestas un poco de atención. Es el que hacemos todos juntos y el que no es patrimonio de ningún manual, gramática o diccionario”.

Ese pensamiento es el que guía mi camino de profesora de nuestra lengua, profesión que me ha acompañado a lo largo de mi vida y que es una vocación permanente que se mantiene más allá del aula: es una actitud de vida, de servicio a la comunidad, al ciudadano común, al empleado que tiene dudas, a la gente con quien se comparte el día a día, a fin de mejorar el uso de nuestro instrumento de comunicación.

Así, he podido observar que muchas personas escriben el vocablo ‘aún’ siempre con tilde, sin saber que este término no tiene siempre el mismo significado ni la misma función. Veamos cuándo corresponde tildarlo y cuándo, no.

Seguramente, se nos grabó a fuego en nuestra memoria que ‘aún’ debe ser palabra tónica, bisílaba, cuando equivale al adverbio ‘todavía’: “Aún (todavía) no llega a las librerías mendocinas esa nueva publicación”. 

Este significado de ‘aún’ como “todavía” puede tener dos valores: uno, temporal; el otro,  ponderativo o intensivo. Si posee valor temporal, ‘aún’ denota la continuidad o persistencia de una situación: “Aún me pongo nerviosa ante su presencia”, “Los sindicatos aún no llegaron a un acuerdo con el Gobierno”. Si demuestra un valor ponderativo o intensivo, irá acompañado de los adverbios ‘más’, ‘menos’ o de los comparativos ‘mejor’, ‘peor’: “La posición de los estudiantes es aún más dura hoy que ayer”, “La hizo peor aún: les habló en forma soez”, “No lo perdono, menos aún sabiendo cómo me ha criticado”.

Hasta aquí el uso de ‘aún’ como palabra bisílaba; sin embargo, existe el vocablo ‘aun’, monosilábico y, por consiguiente, sin tilde, con los siguientes valores: inclusivo, con el sentido de “hasta, incluso, también” y “ni siquiera”, en construcciones de sentido negativo: “Fueron a escuchar al disertante aun sus más duros oponentes” (= incluso sus más duros oponentes); “Aun dormida seguía intranquila” (=hasta dormida); “Ni aun con promesas de aumento salarial logró retenerlo en su puesto” (= ni siquiera con promesas). 

El otro caso en que se usa ‘aun’, sin tilde, tiene relación con expresiones de carácter concesivo, es decir, con formas equivalentes a “a pesar de”, “aunque”. Esto puede verificarse en el caso de la locución conjuntiva “aun cuando”, o de expresiones formadas por ‘aun’ más un participio, un gerundio, un adverbio o un grupo preposicional: “Aun cuando llueva, iré de compras al centro” (= aunque llueva); “Aun jubilado, continúa publicando obras didácticas” (= a pesar de estar jubilado); “Aun hablando despacio, no se le entiende” (= aunque habla despacio); “Se tomó tres días de licencia y, aun así, no alcanzó a terminar el trabajo” (= aunque lo hizo así); “Aun con su ayuda, no logró salvar la propiedad” (= aunque recibió su ayuda).

Recibo una carta en la que se habla de una situación especial que motivó la alegría de Silvina. Aparece usada la expresión “Silvina, loca de contenta, no paraba de hablar”. Y entonces, veo la expresión ‘loca de contenta’ y recuerdo las recomendaciones que, respecto de ella, podemos encontrar tanto en el Panhispánico de dudas como en la página de la Fundéu:  “Contento. ‘Alegría o satisfacción’. Forma parte de la expresión ponderativa ‘loco de contento’, que significa “muy contento”: «¿Y no se puso loca de contento con el broche de oro que le regalaste?» En esta expresión, equivalente a ‘loco de alegría’, la palabra contento es un sustantivo (y no el adjetivo contento, -ta); por tanto, debe permanecer invariable aunque el referente sea femenino o plural: loca de contento, locos de contento, locas de contento, y no loca de contenta, locos de contentos, locas de contentas”.

Un estudiante protesta por una corrección hecha atinadamente en un escrito suyo; dicha corrección consistía en el agregado de una coma antes de la conjunción ‘y’. Con la memoria que le dan sus estudios previos, el estudiante argumenta: “A mí me dijeron que nunca va coma delante de esta conjunción copulativa”. Mi respuesta es clara: “Te enseñaron la regla más general, pero no te indicaron todas las otras oportunidades en que sí es lícito colocar coma”. Y, como supongo que muchos se quedaron con esa idea incompleta, detallo cuáles son esos casos, explicados en la obra mencionada en el primer párrafo: en primer lugar, si hay una enumeración con elementos complejos que están separados por punto y coma, antes de ‘y’ colocaremos una coma. Así, “Agradezco su ayuda a Enrique, biólogo; a Pedro, botánico; a Luis, zoólogo, y a Martín, fotógrafo”. En segundo lugar, si la ‘y’ introduce un elemento que no pertenece a la enumeración anterior, va también precedida de coma: “La joven vestía un abrigo grueso, pesado, oscuro, y unas calzas ajustadas”. El tercer caso es similar al anterior pues se refiere a la situación en que ‘y’ sirve de unión con el predicado anterior, no con el último elemento de la enumeración: “Ordenó rápidamente sus libros, sus apuntes, sus útiles de escritorio, y salió casi corriendo”. 

Otro caso de excepción es el de ‘y’ usada como ‘pero’, esto es, como conjunción adversativa: “Se lo he advertido hasta el cansancio, y no me obedece”. Finalmente, también irá coma delante de ‘y’, cuando le precede un inciso explicativo: “Se reunieron recientemente Schiaretti, gobernador de Córdoba, y el director del Instituto Cervantes”.