Estilo Jueves, 20 de abril de 2017 | Edición impresa

Marina Fages y Fernando Samalea: sonidos motorizados

Salieron de gira con lo puesto. Después de recorrer miles de kilómetros en moto, esta semana pasarán fugazmente por Mendoza y mostrarán la música que los transporta por las rutas de Sudamérica.

Por Facundo García - especial para Los Andes

Confían en el poder de su arte y gastan cubiertas surcando el mapa cual trovadores del siglo XXI. Luego de rodar por medio continente, el próximo 20 de abril Mariana Fages y Fernando Samalea llegarán a Mendoza con su Mototur, un concierto de rock templado por paisajes y personas que la dupla encontró en el camino.

El plan es rutear dos meses: ya van cinco semanas de soles, gotas de lluvia, animales y sobre todo gente distinta. “Gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas”, diría Jack Kerouac.

Influidos por ese espíritu beat, más los relatos de Julio Verne y los cantares medievales; e inspirados por lecturas de infancia y el animé japonés, Samalea y Fages han ido dejando su estela de sonidos en diversos puntos de la Argentina, Bolivia, Perú y Chile. 

Y no todo ha sido estallar. También han encontrado melodías en lo cotidiano. “Mientras andábamos, nos ha influido algún video andino de música romántica o una comedia que pasaban en la tele -se divierte Samalea-. Nos sigue sorprendiendo lo simple, los libros que aparecen por casualidad, esas cosas. Paralelamente, nos hemos buscado una épica guerrera para apuntalarnos cuando hay que reunir fuerza, resistir el frío y cruzar montañas”. 

-Una de las primeras palabras que se asocia al proyecto de ustedes es “aventura”. Pero ¿qué es, en esta era de previsibilidades, vivir una aventura? 

Samalea: -La aventura es desafiar lo inesperado, cuestionar los propios límites. Por momentos pienso en “La conquista de lo inútil”, una idea de la que ha hablado (el cineasta) Werner Herzog. Es el condimento de la vida, tan simple como eso.

-En el caso particular de los músicos, ¿qué sería una aventura?

Fages: -Depende. Las aventuras son tan infinitas como los tipos de humanos que podés encontrar. Cada cual deberá buscar la suya. Para una persona puede ser una aventura lo que otra persona hace todos los días y viceversa.

Justamente en estos días la existencia de Fages y Samalea tiene el encanto de una road movie. Se despiertan a eso de las seis, desayunan, se montan en su BMW 650 y salen a enfrentar el viento crucial de la mañana. Para dos almas que viven de la música, la ruta es un festín de resonancias.

 

 

“A veces nos bajamos de la moto aturdidos y nos zumban los oídos -dice Fages-. Arriba de la moto cantamos, aunque cada uno va un poco en la suya porque no tenemos intercomunicadores. Cada tanto nos llamamos por golpes o señales bruscas -sigue ella, y ríe con su pelo azul- hasta que disminuimos la velocidad y podemos charlar”. 

A las cuatro o cinco de la tarde la luz se suaviza. La mirada de los andariegos tal vez se vuelve ansiosa: es hora de buscar un techo y descansar.

¿Será en una ciudad, en un pueblo, en un hotelucho de la banquina? Samalea valora esos azares: “El Mototur es una propuesta musical pequeña, bastante romántica, destinada a conectarse con los seres que vamos encontrando. Tiene que ver con darnos el espacio para relacionarnos con idiosincrasias  y características de cada lugar”, apunta.

Un motoquero de ley sabe que los insectos, los caprichos del aire y las irregularidades del suelo influyen de modo impreciso pero cierto en la conciencia del que anda. Viajar en moto, en bici, a caballo o a pie contrasta con la cultura del avión, que observa el mundo desde un falso living.

“Justamente ayer hablábamos de eso a los gritos, de casco a casco, mientras subíamos una cuesta en la moto”, cuentan los artistas.

-A esta altura han recorrido unos cuantos kilómetros. ¿Podrían compartir alguna anécdota del viaje?

Samalea: -Me gustaría hablar sobre el “todo” y sobre los cambios. Cómo, desde la moto, descubrís que la lluvia dura lo que tarda en pasar una nube, o cómo ves que puede estar lloviendo cuando simultáneamente percibís los rayos del sol. De golpe entramos a un pueblo en Perú y estamos rodeados de mototaxis, aquellos autitos llenos de colores y lookeados; o vemos las edificaciones aymaras en Bolivia y eso nos deja pensando. Podemos sentir el agobio de un viaje y quince minutos después encontrarnos con unas termas, y todo vira muy rápidamente de la incomodidad al confort. Siento que hemos hecho trabajar a nuestros ángeles protectores, porque hemos transitado caminos de cornisa extremos, selvas, zonas desérticas, curvas, y siempre sentimos una gran tranquilidad. 

Fages: -Estas últimas semanas han sido algo muy intenso. De a poco algunas experiencias se van convirtiendo en memoria y empezás a descubrir que en determinados instantes había mucho movimiento en el plano de lo onírico y lo simbólico. Vamos atesorando esas sensaciones. ¿Qué más? Yo siento que este vínculo es para siempre. ¡Ojalá sigamos compartiendo aventuras!

 

Buscadores del destino 

Los viajeros que dan vida al Mototur parecen renacentistas: no desprecian ninguno de sus talentos. Marina Fages -“princesa elfo barrabrava”, como se define en Twitter- compone, toca la guitarra y canta con voz aniñada y feroz, pivotando sobre los bordes del formato canción. Entre un mar de obras ha editado dos discos “oficiales”, “Madera metal” (2012) y “Dibujo de rayo” (2015); y ha hecho giras en el extranjero (Alemania, Japón, etc.). Además pinta.

Trabaja telas y murales que ha expuesto en Londres, Buenos Aires y otras ciudades de la Argentina. 

Por su parte, Fernando Samalea transita una biografía imposible de resumir. A mediados de los ochenta, con 21 años ¡y en una misma noche!, conoció a Charly García y a Luis Alberto Spinetta durante la grabación de un disco de Andrés Calamaro.

Se convirtió en uno de los bateristas emblemáticos de la banda de García, para pasar por los escenarios más destacados del rock y recalar en las riveras del tango y el jazz junto a colegas como Fernando Kabusacki y Daniel Melingo.

A pesar de que ya era un consagrado, dio un giro a su carrera aprendiendo a tocar el bandoneón y hasta se animó con la escritura. Tiene varios discos solistas y recientemente publicó “Qué es un long play”, un libro que narra sus correrías musicales. Pronto llegará “Mientras otros duermen” (Ed. Sudamericana), la segunda parte de su zaga autobiográfica.

 

La ficha

Recital de Marina Fages y Fernando Samalea. Presentación del libro “Qué es un long play. Una larga vida en el rock”.
Día y hora: hoy, a las 21.
En: Auditorio de la Mediateca Manuel Belgrano (Antonio Tomba 54, Godoy Cruz).
Entrada: gratuita (cupos limitados).