• Sábado, 11 de marzo de 2017
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Los celos de Bernabé

Por Juan Martín

Para Bernabé Miremont no existía en el mundo nada  más fungible que una mujer.

Bernabé era un mujeriego empedernido, si Dios le hubiera dado en monedas lo que le dio en  mujeres, Bernabé hubiese sido todo un millonario.

Ostentaba Bernabé, tal vez la única forma  de riqueza, además de dinero, que desean los hombres. Bernabé poseía a cuanta mujer deseaba. Dios le había otorgado un extraño poder.

Bernabé seducía sin esfuerzo, casi sin proponérselo. Al principio, de muy joven, casi no lo advertía, luego, con los años comenzó a sospechar su poder y, siendo ya caballero maduro tuvo plena conciencia de su encanto.

Casadas, solteras, novias, viudas, de todo había en el inventario de Bernabé.

Jamás se enamoraba. Siempre triunfaba, es decir, no sufría.

Un día, conoció a Lorena, la enamoró y se acostó con ella.

Lorena era la esposa de Ferdinando.

Ferdinando la maltrataba, era un borracho que incluso andaba con prostitutas todo el tiempo.

Por primera vez en su vida, Bernabé se enamoró, y fue de la hermosa Lorena.

Como todo amor prohibido, no era calmo.

Como todo amor, no era calmo.

No podía estar sin ella. 

Diré, para acortar el relato, que ella supo graduar sus deseos. Bernabé no.

Bernabé la amaba, y advirtió a su vez que Ferdinando no amaba a Lorena, y sintió envidia de él, por lo que poseía y despreciaba.

Cuando procesaron a Bernabé por la muerte de Ferdinando, solo dijo en su defensa: “Lo maté porque me engañaba con mi mujer”

“Pero si usted era el amante y él el marido ¿Qué está diciendo?” Le contestaron. 

“No, el engañado era yo. Yo la amaba y él no.” 

Bernabé, actualmente está internado en el Hospital Psiquiátrico de El Sauce.