• Jueves, 12 de enero de 2017
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La figura paterna en la crianza de los hijos

Tanto mamá como papá son importantísimos en el desarrollo integral de los chicos. El amor que brinden, o el desprecio que ejerzan sobre ellos, repercute fuertemente en el proceso emocional y esto se vuelve visible tanto en la autoestima que construyen como en la seguridad con la que se manejarán en la vida. Claves para cuidarlos.

Victoria Navicelli - Especial para Estilo

En el sistema económico reinante es muy frecuente que el niño pase más horas con uno de los progenitores que con otro, que su día transcurra en compañía de otras personas cercanas (abuelos, tíos), o junto a niñeras que quedan al cuidado del menor. Sea cual fuera la situación, el pequeño necesita saberse querido, acompañado y, sobre todo, valorado por ambos padres.

“La mamá suele ser la que más tiempo pasa con sus hijos -a pesar de trabajar también-, trata de estar más atenta y poner límites”, reflexiona Ximena Olivares -psicóloga infantil-. Y, ese “estar más tiempo con los hijos”, lleva a mamá a tener protagonismo no solo en las tareas de la casa sino, también, en lo que respecta a la escuela, el club, los controles médicos y demás.

Y, muchas veces, “las actividades de esparcimiento las hacen con el papá: salidas, juegos, entretenimiento”, comenta la profesional. 

Entonces, si nos ponemos a pensar en un día normal de la familia, la madre tiene la tarea de retar y poner límites y el padre solo llega a casa luego de su jornada de trabajo (“puede pasar a la inversa, pues se han roto esos paradigmas”, afirma Olivera). Ahora, lo ideal es que, al llegar papá, éste pueda conocer la situación que se vivió durante el día, para acompañar y reforzar las decisiones tomadas por su pareja.

“Pero la mayoría de las veces, cuando el progenitor que pasa más tiempo fuera de casa llega al hogar, se genera un desacuerdo entre los padres respecto a los límites. Esto ocurre cuando el que llega desautoriza o quita el castigo impuesto por el otro”, comenta Olivares. “Esto confunde al niño y éste comienza a tener signos de inseguridad y rebeldía”, agrega Sofía Cala, psicopedagoga. 

Cuando no se comparte el mismo lenguaje entre padres, el niño comienza a manifestar signos de estrés, inseguridad e incluso irritabilidad: desafía a aquella persona con la que pasa más tiempo -sea mamá o papá- y esto se debe a que “ese mismo tiempo juntos genera una cercanía tal, que el niño siente que puede decirle todo lo que le pasa, las molestias y quejas que tenga. 

Luego llega el progenitor y a ese no lo desafía -porque no comparte tanto tiempo-. Es visto como el ‘más bueno’ porque rompe con el castigo o porque con esa persona comparte más actividades relacionadas con el entretenimiento. Para el niño uno termina siendo el bueno y el otro el malo”, dice Olivares.

Entonces, aparece la amenaza: “cuando llegue tu padre se va a enterar de lo que paso, le voy a contar cómo te portaste”, entre otras.

Pero, esta amenaza no hace que el pequeño vea a ese “que no está” como si fuera “el malo”; sino como “una persona que tiene más autoridad”, amplía Ximena. Y a veces funciona; pero, ¿por qué funciona?, porque es una autoridad que no está. “Es una autoridad en el sentido de que el niño no va a contradecirlo; no así a aquel con quien pasa más tiempo”, argumenta la psicóloga. 

El que esté presente una figura le da al chico más confianza para contar algo que le está pasando, o para decir “no” a algo que esa figura le dice u ofrece; y esto se da por la confianza o cercanía que mantienen. 

Es decir: conoce su reacción. Mientras que, cuando llega la otra figura -el que está más tiempo afuera-, el niño no le va a decirle que “no”, lo va a analizar un poco más pues es una autoridad mayor para él, además, no sabe cómo es que puede reaccionar. 

Ahora, cuando uno de los padres comienza a estar ausente en las actividades de su hijo puede -luego- ser demasiado tarde para resarcirse, ya que durante ese tiempo de ausencia el niño forma un juicio: “mamá está siempre, papá a veces (puede pasar al revés). Sí o sí hay una figura que comparte más con el niño y otra no, y el menor lo empieza a notar.

“Es importante que los padres comprendan el valor de la compañía en cada momento de la vida de sus hijos, porque no solo es tiempo que no se recupera, sino que existe en el niño el deseo de que en algún momento esa figura aparezca. Entonces, el chico no deja de esperar, con todo el dolor que eso implica, para su desarrollo emocional”, comparte Olivares. 

En la actualidad esto se presenta en ambos personajes principales, “no solo ocurre con el papá sino que también con las mamás”, dice Cala. El niño necesita que estén los dos (sigan en pareja o no); salvo en aquellas situaciones en las que -por diversas razones- falta uno de los personajes. “Esto no quiere decir que al faltar una figura el niño no pueda suplir ese rol, pues hay personas solas que han logrado abarcar los roles de manera satisfactoria”, añade Olivares. 

 

Silencio emocional

Las reiteradas faltas pueden generar rechazo por parte del niño hacia esa figura ausente. Y, también, se da el enojo con el que sí está presente, “se le pregunta el por qué de la situación”, dice la psicóloga. Quien agrega que “el rechazo puede ser tan fuerte que llegan a sentir felicidad al zafar de no ver al progenitor con el cual sienten la carencia. Eso no es más que el reflejo del comportamiento del adulto”. 

Hay niños que tienen una fuerte capacidad de esperar y cuando este personaje aparece, el niño recibe alegre lo que aquel tenga para entregarle, durante el período de tiempo que tengan juntos. Son aquellos que buscan justificar “no quieren ver la falta del papá o la mamá y justifican, esperan, esperan y saben que no va a haber respuesta; pero aun así, esperan”, concluye Olivares. 

Otros no dicen todo lo que les molesta. No se enfrentan a la persona que ellos creen que tiene más autoridad, entonces, éste no sabe con profundidad lo que al niño le ocurre, ni lo que siente. 

“En los momentos de encuentro puede pasar que el menor olvide lo que pasó, lo que le molestó y puso triste, ya que busca disfrutar al máximo ese tiempo juntos”, analiza la profesional. Y esto lleva a que ese progenitor tenga una visión positiva del niño, de su vínculo con él y de la situación; desconociendo lo que se teje en las emociones del menor.

No se sienten acompañados desde lo emocional y corren el riesgo de “transformarse en personas frías y solitarias o -en caso de lograr contacto social- pueden ser fáciles de manipular, afectando su comportamiento en sociedad: tendrán baja autoestima, serán sumamente inseguros, con conductas agresivas y una alteración en la capacidad de confiar en los demás”, comparte la psicopedagoga. 

 

La importancia de papá 

La presencia activa de papá tiene un fuerte impacto en el desarrollo y bienestar social, emocional y cognitivo del pequeño. Pues, “el contacto constante entre esta figura y el menor permite -en este último- mayor comprensión de los límites, el autocontrol y la capacidad de resolver situaciones conflictivas”, agrega Sofía Cala. 

Por eso es importante el vínculo con el padre, gracias a este lazo el niño -en su transición a la adolescencia- mejora sus relaciones sociales y las maneja con más seguridad; porque siente más confianza en sí mismo. Además, el pasar tiempo juntos promueve hábitos saludables, pues pueden realizar caminatas, salidas a espacios verdes, entre más. 

Para mantener un vínculo sano, es recomendable prestar atención al “verbo que se utiliza”. O sea, si la figura paterna se expresa de manera agresiva le está mostrando que esta es la forma correcta de expresarse y es la receta que tomará el menor para entablar relaciones futuras.

Del mismo modo a la palabras que se utilicen para dirigirse al menor. “Lo que digan, y cómo lo digan, será algo clave para los hijos; considerando que tienen a sus padres como modelos a seguir”, añade Olivares. Esta idea del “verbo” no es azarosa, pues será otro de los condimentos con los que el niño “formará una imagen de sí mismo”. 

La tarea de los padres es colaborar con sus hijos en tener una imagen positiva de ellos mismos. Para conseguirlo, el rol del papá es trascendental en la formación de la identidad del menor: se sentirán valorados, tenidos en cuenta, asimilarán las normas de comportamiento y enfrentarán la frustración con herramientas más saludables. 

Aquello que se relacione con salir de paseo, realizar actividad física -caminatas, paseos en bicicleta, diversos juegos- suma positivamente en afianzar este lazo padre-hijo. Del mismo modo que mantener una postura optimista, basada en el buen humor y en la compañía constante y verdadera. Valorar la tarea que realice igual que sus opiniones y visión de las cosas; es otro valor añadido. 

Si no hay figura masculina presente, es fundamental mantener una buena mirada al respecto de ese rol. Quienes rodean al menor tienen la tarea de brindarle una buena imagen, la mejor, pues a partir de ella, el niño construirá la propia. Y saber que las niñas verán a papá como el modelo de hombre; mientas que los varones lo tendrán como la manera correcta de comportarse.