Arquitectura Domingo, 19 de marzo de 2017

La estética como legado

Por tres días estaremos nuevamente en los salones del Palacio Gargantini, donde comenzó su trayectoria mendocina mi abuelo, don Bautista.

Por Martha Gargantini

En estos mismos salones, él jugó con sus hermanas, Rosita y Nora; y conversó con su padre, don Gerónimo, sobre proyectos de futuro. En esos diálogos se forjó una identidad de estética familiar, se soñó un legado de desarrollo para Mendoza y se afirmó un compromiso familiar con el territorio.

Con esta exposición sólo pretendemos rendir un homenaje a aquellos tiempos fundacionales. La familia se retiró de este palacio en 1911, para seguir otros rumbos. Al no alcanzar un acuerdo con Giol, don Jerónimo Gargantini se retiró de la sociedad, y regresó a su Suiza natal, donde siguió adelante con su proyecto estético-urbanístico. Allí construyó los cinco palacios frente al lago de Lugano, en uno de los cuales funciona actualmente el restaurant “Al Palazzo Gargantini”, decorado con los símbolos estéticos del palacio de Maipú y los símbolos de la legendaria marca “La Colina de Oro”.

Otra rama de la familia se quedó en Mendoza, liderada por don Bautista, mi abuelo. En esta provincia, él puso en marcha el plan que había conversado con su padre, en esos tres años de convivencia en el palacio Gargantini de Maipú. Su vida es públicamente conocida, incluyendo su tarea como vicegobernador de Carlos Washington Lencinas y las grandes transformaciones sociales que se lograron entonces, incluyendo la promoción del deporte, sobre todo el fútbol, a través del club Independiente Rivadavia, además de cultivar las humanidades y las artes.

Tuve oportunidad de compartir momentos entrañables con mi abuelo Bautista y su esposa, doña Margarita. En esas charlas de infancia, compartiendo una taza de té o un paseo por el bosque, pude escuchar mil relatos de sueños y vidas de inmigrantes duros, muchas veces agotados, pero siempre con fe en el futuro de Mendoza. Y una obsesiva voluntad de transmitirnos el amor por la cultura, el arte, los museos y la pintura. Todavía recuerdo aquellas lecturas que mi abuelo nos hacía de cuentos de hadas rusos, en las noches de invierno…

La vida me dio la oportunidad de dar continuidad a esa formación estética, a través de una iniciativa comercial junto a mi hija Marisa. De esa tradición cultural nació Candel, primero, y luego, La Provenza, pequeña casa de decoración que se encarga de generar belleza, aportar detalles de buen gusto para mejorar la calidad de vida de los mendocinos.

En cada objeto que seleccionamos para exhibir en nuestras vitrinas; en cada mueble original que diseñamos; en cada atención para la decoración de la casa, tratamos de volcar toda esta tradición estética de familias inmigrantes comprometidas con la identidad y la cultura de Mendoza.

Hoy volvemos al Palacio Gargantini para renovar nuestra inspiración; para recargar energías; para volver a empaparnos de las fuerzas originales que impulsaron a una familia y a una provincia, por el camino de los sueños de un futuro mejor

 

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