El cruce Domingo, 5 de febrero de 2017 | Edición impresa

La comunicación entre las columnas

Las estrategias y señales de comunicación jugaron un papel clave, tanto para prever y asegurar el avance sobre el territorio chileno como para alentar a las tropas a continuar su marcha.

Por Lic. Eliana Fucili Incihusa - Conicet Facultad de Derecho, UNCuyo

El 5 de febrero tuvo lugar el combate de Huasco, que consagró la victoria de las tropas patriotas comandadas por el teniente coronel Francisco Zelada. El parte que confeccionó para dar a conocer el triunfo consignó la estrategia que había seguido durante la marcha que lo había conducido desde La Rioja (desde el 9 de enero) a Huasco: después de aproximarse a la villa, había logrado doblegar la resistencia del subdelegado y de 150 milicianos que había conseguido movilizar  para defender cualquier avance. Pero dicho esfuerzo no tuvo éxito. Según Zelada, y como consta en el parte, “entre ambas fuerzas se trabó fuerte tiroteo a pie firme por más de una hora”, y atribuyó dicho resultado a la instrucción y disciplina de su tropa en tanto era superior a la del enemigo.

Una vez alcanzada la victoria, Zelada consideró prudente no dar tiempo al adversario para rehacer sus tropas y conseguir refuerzos. Por tal motivo, mientras despachó dos partidas a que le “picasen la retaguardia”, dispuso abastecer de alimentos al resto de la tropa y refrescar los caballos con el fin de recuperar fuerzas y avanzar hacia Copiapó.

Al amanecer, volvió a encontrar al Subdelegado que había derrotado en Huasco, con la misma o mayor fuerza en actitud de defensa, lo que dio lugar a un nuevo combate. Una vez más las fuerzas patriotas derrotaron al bando realista, el cual “se desbandó en todas las direcciones, dejándolo dueño del pueblo sin más novedad que tres muertos y algunos heridos de una y otra parte”. 

 

Informes y señales entre las divisiones del ejército

Aun cuando cada jefe de columna tenía instrucciones precisas para proceder, el general San Martín previó la necesidad de mantener las comunicaciones de cada columna con el grueso del ejército. Para ello se eligieron varios arrieros expertos en los pasos de la cordillera, que efectuaron el servicio de guías y emisarios.

Asimismo se establecieron algunos códigos y  señales que permitían transmitir información sobre cómo debía avanzar la tropa ante la presencia de enemigos.

La imagen sobre el plan de señales del ejército ilustra este tipo de estrategia. Gracias a este sistema fue posible alcanzar cierta articulación entre las columnas, que sirvió tanto para prever los avances sobre el territorio chileno como para incentivar a las tropas tras alcanzar triunfos. 

Sirvan de ejemplo las celebraciones realizadas por la tropa de reserva comandada por Bernardo O’Higgins tras recibir noticias sobre la victoria obtenida por Antonio Arcos, comandante de avanzada en las gargantas de Achupallas. Ante dicho triunfo, O’Higgins redobló sus esfuerzos por continuar su marcha y le escribía a San Martín el siguiente detalle: “Excmo Señor: Han resonado las concavidades de esta Cordillera a los vivas que ha producido la plausible noticia que V.E. me comunica. El gozo inspira nuevo aliento a mis tropas y espero vencer todas las dificultades que presenta la Cordillera en cuyo pié he hecho alto para desensillar las mulas que remito a la 2ª División de Vanguardia. Yo caminaré como V.E. me ordena y todo se hace con mayor gusto cuando fueran las incomodidades mayores.

“Dios de a V. E. muchos años. Vegas del Cusco, 5 de febrero de 1817. Excelentísimo señor Bernardo O'Higgins.” 

Así también, los partes realizados por los comandantes de cada columna dan cuenta que las comunicaciones internas eran pormenorizadas e incluían todo tipo de detalles respecto a las tropas, víveres, municiones, entre otros. Un aspecto esencial para mantener la coordinación.

 

Silueta biográfica

Francisco Zelada

 

 

Origen. Nació en 1790, en Colonia del Sacramento, Virreinato del Río de la Plata (actualmente Uruguay). 

Funciones militares. Siendo muy joven se incorporó al ejército real, dando sus primeras armas en la defensa del Virreinato frente a las Invasiones Inglesas (1806-1807). Más tarde, participó de los combates contra los realistas en la Banda Oriental que fueron claves para frenar su avance sobre los territorios del Río de la Plata y el afianzamiento revolucionario en Buenos Aires. En 1814 se incorporó al Ejército del Norte y, posteriormente, fue designado al mando de la columna que debía realizar el Cruce de los Andes desde La Rioja. 

Disputas internas. Una vez concluida su actividad militar se instaló en San Juan tomando parte activa en las disputas políticas internas.

Fin. Murió en Buenos Aires, en 1863.

 

Homenaje

Espacios. Una de las calles más conocidas que lleva su nombre se encuentra en Rodeo de la Cruz, Guaymallén.

 

Bibliografía

- Gerónimo Espejo, El paso de Los Andes. Crónica histórica de las operaciones del Ejército de los Andes para la restauración de Chile en 1817, Buenos Aires, Imprenta y Librería de Mayo, 1882
.
- Biblioteca de Mayo. Colección de Obras y documentos para la Historia Argentina. Guerra de Independencia, Tomo XVI, Segunda Parte, Buenos Aires, Edición especial en Homenaje al 150 Aniversario de la Revolución de Mayo de 1810, 1963.