Opinión Domingo, 16 de abril de 2017 | Edición impresa

La AFA repite su error permanente: el silencio gatopardista

Por Por Fabian Galdi - fgaldi @losandes.com.ar

El gatopardismo es el método que el fútbol argentino aplicó casi sin interferencias desde que se constituyó como una categoría de índole socio cultural y de ninguna manera sólo como un hecho deportivo. Cambiar algo - quizás todo - para que en realidad nada se modifique de fondo. Apenas la sensación de una renovación, con la misión de que el entorno se satisfaga y suponga que los plazos por venir le favorecerán a quien ejerce la toma de decisión respecto de sus intereses primarios. Sin embargo, la matriz fundante de la AFA sigue indemne y además se fortalece. La estrategia a largo alcance es la de confundir, postergar, aplacar y amesetar cualquier posibilidad de variación real con la meta en que esas tácticas permitan ganar tiempo y que el ímpetu del reclamo original se vaya diluyendo de motu proprio.

La Asociación del Fútbol Argentino se corporizó como tal a principios de la década del'30, cuando ya era un secreto a voces que el espíritu inicial basado en el mens sana in corpore sano se había visto vulnerado con la aparición del profesionalismo encubierto. El llamado 'amateurismo marrón' implicaba que la aparición del dinero sostenía al sistema en lo real y no solo en lo formal. Inclusive, el seleccionado argentino participó del primer Mundial - Uruguay, en 1930 - cuando recién en 1931 se disputó un campeonato profesional ya aceptado como tal. En esas triquiñuelas dirigenciales quedó incorporado un modus operandi que hoy día mantiene su vigencia: armar un proyecto entre bambalinas y únicamente darle difusión pública cuando los acuerdos entre los participantes están resueltos. Así, no habrá control ni investigación posible respecto de las causas y de sus eventuales consecuencias.

Casi nueve décadas después, la institución madre que rige al fútbol en la Argentina dio otra muestra de cómo se aplica la modalidad gatopardista. Otra vez, equivocando el método: el silencio como voz. Por tal motivo, el proceso de la desvinculación del entrenador Edgardo Bauza rozó el mamarracho pero nadie parece sentir culpa ni hacerse cargo puertas adentro de la entidad. Es más, alrededor de 100 millones de pesos deberán pagarse en concepto indemnizatorio a tres cuerpos técnicos. Los dos precedentes, no sólo a éste último sino también al que comandó previamente Gerardo Martino. Y también el próximo, casi seguramente el de Jorge Sampaoli, debido al egreso del Sevilla español, cuyo contrato regía hasta junio del año que viene.

Los pésimos manejos administrativos recién salieron a la luz - paradójicamente - gracias al escándalo FIFAgate, en 2015. Las investigaciones iniciadas por la jueza estadounidense Loretta Lynch fueron provocando un efecto dominó que llegó hasta nuestro suelo continental. Así, los directivos de mayor cargo dirigencial en la Conmebol - el máximo ente sudamericano - quedaron procesados por la Justicia y al menos  cinco dirigentes de peso, entre ellos Luis Segura (sucesor interino tras el fallecimiento de Julio Grondona), se alejaron de sus respectivos puestos y dejaron a la AFA en un estado de anarquía absoluto.

La conducción flamante, encabezada por Claudio 'Chiqui' Tapia y secundada por Daniel Angelici, fue legitimada en las urnas a partir del voto dirigencial durante marzo pasado. En lo nominal, el lugar de los cargos es así, pero el poder real está claramente más marcado en el actual presidente de Boca Juniors. Éste -además- es un nexo directo con Mauricio Macri, gracias a un vínculo que se consolidó cuando la hoy máxima autoridad del Ejecutivo nacional se desempeñaba al frente del club xeneize.  

Más allá de las formas, lo cierto es que el arranque de la nueva gestión fue más propio de un papelón que de estar a la altura de las circunstancias. Mientras frente a la prensa se decía una cosa, la realidad mostraba otra. Para muestra, vale recordar las expresiones de Tapia: '¿Quién dijo que el Patón se iba? Es el técnico de la Selección y tiene contrato'. Lo expresó apenas diez días atrás, cuando ya quedaba claro que el director técnico estaba fuera del proyecto rumbo al Mundial 2018.

En el fútbol argentino se fue encadenando una dirigencia que supo ser pródiga en la construcción de poder generado entre las sombras. El reflejo fiel del corporativismo, en una palabra. La ausencia de debate interno y de acceso a una nueva camada de dirigentes reforzó el hegemonismo patriarcal. Por ende, el punterismo y caudillismo político. 

El antecedente cercano es el que supo imponer Julio Grondona, con un manejo a la usanza de un patrón de estancia. Sin su presencia física desde hace casi tres años, el desarrollo del llamado 'grondonismo sin Grondona' logró desarrollarse en dos líneas internas y claramente marcadas. A la hora de repartir cargos, quedó claro que la división fue consensuada entre sendas partes. El gatopardismo, en definitiva, ganó el centro de la escena. Otra vez, como desde hace cerca de noventa años hasta nuestros días.