Estilo Domingo, 13 de agosto de 2017 | Edición impresa

Juan Bautista Bairoletto, el último bandido romántico

La policía lo buscó durante años en varias provincias pero, tras retirarse del delito, se dedicó a una vida tranquila. En agosto de 1941, un traidor lo delató. Así, el “Robin Hood de las pampas” fue abatido en el sur mendocino.

Por Carlos Campana - las2campanas@yahoo.com.ar

Durante el mes de setiembre de de 1941, en la Colonia San Pedro del Atuel de General Alvear, una comisión policial buscaba desesperadamente a un “gringo”, conocido como  Bairoletto o Vairoletto, que cargaba en su prontuario un centenar de robos y varios asesinatos.

A finales de la década del ‘30, este bandolero dejó definitivamente sus fechorías y se dedicó a trabajar la tierra en una pequeña finca, bajo el nombre de Francisco Bravo. Se estableció junto a su compañera, Telma Cevallos, nacida en San Luis en 1913 y fallecida en Mendoza en 2014.    

Bairoletto fue buscado por la justicia  de varias provincias: San Luis, La Pampa, Córdoba, Río Negro, Mendoza y hasta la de Buenos Aires. 

 

Un “gringo” bandido

Hijo de Vittorio Bairoletto y Teresa Mondino, ambos de origen italiano radicados en Argentina, Juan Bautista Bairoletto nació en Cañada de Gómez, provincia de Santa Fe, el 11 de noviembre de 1894. Casi un niño, sus padres se trasladaron desde Santa Fe para alquilar una tierras en la zona de Castex, La Pampa. 

Por aquel entonces, Juan Bautista era un humilde labrador que había dejado sus estudios primarios para ayudar a su familia. 

No tuvo una infancia feliz pues su madre murió cuando aún era pequeño. Pero era un precoz emprendedor y trabajó de changarín, mozo, cuidador de plaza, alambrador...

En vez de seguir ese camino, Bairoletto se dedicó a frecuentar ambientes prostibularios, comités y casas de juego. Convertido en salteador, sostuvo tiroteos con la policía, primero en los alrededores de la ciudad de Castex y luego en otras localidades de La Pampa y provincias vecinas como Mendoza y San Luis.

Su fama de salteador y cuatrero se incrementó y apareció en varios diarios de la época. Con el tiempo también  se ganó el afecto y apoyo de los trabajadores del campo,  quienes lo ayudaban en cada huida, proveyéndole caballos, comida o un rancho para dormir. Gestos que Bairoletto recompensaba con dinero. De esta manera se ganó el apodo de “Robin Hood de las Pampas”.

Luego de una breve incursión por el norte del país, donde se asoció con el conocido malhechor “Mate Cocido”, realizó algunas fechorías con su banda en los quebrachales chaqueños. Luego regresó a General Alvear, para dedicarse a llevar una vida de campesino.

 

Un traidor apodado “El Ñato”

En agosto de 1941, Bairoletto fue traicionado por Vicente Gazcón, alias “El Ñato”. Ex compinche de Juan, se conocieron en La Pampa en 1927. El Ñato Gazcón había sido apresado y,  para salvarse, reveló que el “Robin Hood de las Pampas” vivía en Alvear.

El delator partió a buscar a su compinche y, al dar con su paradero, lo entregó a cambio de su libertad.

Las autoridades montaron un operativo que finalizó el 14 de setiembre,  cuando una comisión policial, al mando de José María Valleé (jefe de investigaciones de Mendoza) y varios efectivos  rodearon aquella humilde casa en donde vivía el supuesto Francisco Bravo con su mujer  Telma y sus pequeñas hijas Juana y Sofía. 

Durante el amanecer de ese día, un peón que vivía en una habitación aledaña a la casa salió al patio y fue aprehendido por el grupo, pero alcanzó a alertar con un grito a su patrón, que aún dormía.

La figura de Bairoletto apareció en la puerta de aquella tapera, portando una pistola y un revólver. Cuando los efectivos policiales dieron la voz de alto, el acorralado salió y se les enfrentó a pocos metros.  Recibió un balazo pero, aunque cayó a tierra, siguió disparando. Fue entonces que otra bala puso fin a su vida.

En el tiroteo resultó herido en el abdomen el subcomisario pampeano Adolfo Paeta, quien se proclamó como el matador de aquel bandido. 

Existe otra versión: en ella  se afirma que Juan Bautista Bairoletto se disparó en la boca para no caer en manos de los policías. Así también lo afirmó doña Telma, que sostuvo ese relato hasta su muerte. 

 

Estupor alvearense

Su esposa les pidió a los efectivos que taparan el cuerpo con una manta para que las niñas no lo vieran. 

La noticia de la muerte de Bairoletto se propagó por todo el país, ya que por muchos años, fue uno de los bandidos más buscados.

Los agentes llevaron el cuerpo para su reconocimiento en una camioneta a la comisaría de Alvear. Allí le sacaron fotos y se labró un acta. Luego lo trasladaron al Hospital Regional donde el doctor Ariza le practicó la autopsia.

Fue identificado por dos tatuajes que tenía en los brazos: en el derecho, la figura de una mujer; en el izquierdo, un triángulo con el número 13 en su interior y las iniciales JB debajo.

Sus restos fueron trasladado a la funeraria De Vita y Cía. El cuerpo fue vestido con bombachas batarazas, camisa blanca y un pañuelo overo al cuello. El velatorio se realizó en el salón de la Biblioteca Popular Sarmiento, ubicado en la esquina de Paso de los Andes y Patricias Argentinas, que la empresa alquiló para disponer de mayor espacio. Así lo vio la gente, que acudió multitudinariamente. Algunos se acercaron por curiosidad; otros para darle su adiós. 
Así nació el mito del bandolero más famoso de la historia argentina.