Estilo Miércoles, 22 de marzo de 2017

Hay algoritmos para todo: ahora uno decide tu entrada al cine

Hoy se usa en algunas multisalas italianas, aunque muchos dudan que se extienda a otras partes. Pero, como vemos, el mundo es impredecible.

Por Daniel Arias Fuenzalida - darias@losandes.com.ar

Supongamos que llueve y que es domingo. El mal tiempo pinchó gran parte de nuestras salidas posibles. Además, hace frío, por lo que meterse en un lugar cerrado urge. Elegimos: vamos al cine. Ahora bien, resulta que se nos antoja ver una superproducción yanqui en lugar de la indie de turno. Vemos los horarios, y vamos directamente a la sala. Estamos seguros de que tenemos la salida perfecta...

¿¡O no?! Nos llevaríamos una sorpresa si es que el cine al que queremos ir está en Milán y se llama Plinius (multisalas). Allí, dadas estas condiciones, pagaríamos una entrada de las más caras. Es que, por estos días, allí se está revolucionando el concepto de "entrada al cine - entrada justa". Entrada que, como intuimos, ya no tiene por qué ser igual para todas las películas, sino que son calculadas a través de un algoritmo que tiene en cuenta unos 40 factores

En cuestión: estrellas en el elenco, el director, el presupuesto de la película, si es estreno, el clima, el “historial” de proyecciones de la sala, el género... todo, todo toma su parte a la hora de entrar en la desconocida alquimia matemática diseñada por la empresa Dynamtick. El "cálculo" tiene un margen, claro, de entre 4 y 9 euros... 

 

 

Según informó Daniel Verdú en El País (España), si bien este algoritmo se está probando en algunas salas milanesas, no hay expectativas de que se expanda a otros lugares. Está en "fase de prueba", digamos.  

Primero lo hicieron los fines de semana y, al ver la efectividad, ampliaron la propuesta. ¿Los resultados? Números duros: aumentaron un 15% las ventas en taquilla y un 105% la venta online. 

“No queremos intervenir en la elección de la película, sino optimizar su venta”, explicaron desde la empresa, “cuando nosotros llegamos, el cine ya ha programado el filme. Pero no puedes vender al mismo precio dos películas que tienen un valor distinto. Estimular a la gente con los precios es llevarlas más veces al cine”.

 

 

Algunos empresarios de la industria desestimaron el invento, otros concluyeron que es meramente una moda, mientras que otros no descartan su exportación a otras partes. En Argentina, todavía parece ser una posibilidad lejana. 

Pero este algoritmo, que ahora se presenta con la sana neutralidad de las matemáticas y que pretende apuntar a una “entrada más justa”, también abre varios derroteros de debate:

¿Tiene realmente poder de persuasión en el público una entrada más barata, o la gente seguirá eligiendo la pantalla superespectacular? ¿Será que, bajo el maquillaje de la objetividad matemática, se terminarán desplazando definitivamente las producciones independientes de las multisalas (claramente en posición de desventaja)? ¿Será que los algoritmos, como muchos especialistas apuntan, tienden a la homogeneización cultural (aquí puede explayarse sobre esto)? Lo que pase por estos meses en Italia quizás nos lo diga.