Estilo Domingo, 13 de agosto de 2017 | Edición impresa

Foto 360: Víctor Silione, músico

Estilo muestra con capturas panorámicas la intimidad de los ámbitos donde los artistas crean. Esta vez, visitamos el estudio Reloj de Arena, del multiinstrumentista y productor Víctor Silione. Un refugio para los sonidos, a pocos metros de la Rotonda del

Por Daniel Arias Fuenzalida - darias@losandes.com.ar / Fotos: Orlando Pelichotti

La música... Víctor Silione estuvo ligado a la música desde muy chico, porque su padre (alumno de Tito Francia) componía folclore. Su hermano Facundo también siguió el camino, con la composición y la producción musical. 

La formación... No tenía más de 10 años cuando ingresó al Coro de Niños Cantores. Después tuvo en sus manos el violín, cuyo sonido lo sedujo al instante, aunque le interesó su uso en la música popular. 

Desde entonces... Integró diferentes grupos, probando el rock, el folclore, el tango, el fado y la música espiritual, por ejemplo. Toca la guitarra y el bajo, aunque la mayor parte del día la pasa en Reloj de Arena, su estudio de grabación.

Mi casa... En lo que era la vinería de su papá, en San José (Guaymallén), construyó con métodos de la permacultura su propio espacio de trabajo. Lo ayudaron cerca de 50 músicos a levantarlo: la unión, además de la fuerza, también hace la música. 

 

 

La foto

El nombre. Desde un principio, Víctor quiso que Reloj de Arena funcionara como un paréntesis: un lugar fuera del tiempo y del espacio. A metros de la Rotonda del Avión, donde el ruido no se calma nunca, creó un verdadero refugio: “Quería que fuese como una casa de hobbit, que te lleve a otra época”, declara, mientras vemos uno de esos misteriosos objetos sobre un parlante. 

 

 

 

La construcción. Fue un 1 de mayo cuando cerca de 50 músicos asistieron a la convocatoria: solo se necesitaba un martillo y un destornillador. A la casa prefabricada que alguna vez fue vinería la desarmaron ese mismo día, pero reutilizaron muchos de los materiales para la nueva estructura, hecha a base de botellas de plástico, quincha (arcilla y paja) y piedra. Ayudaron, entre muchos otros, su hermano Facundo, los chicos de Barbazul, Juampi Dicésare, Pablo Quiroga y Javier “Pulpo” Montalto. Una creación colectiva, literalmente. 

 

 

La consola. La más antigua del estudio, una Carvin, estuvo alguna vez en el Teatro Quintanilla: “Estas consolas dejaron de ser útiles para el vivo, hoy en día es todo digital y se ocupa menos espacio”, explica. En este caso, como no estaba pensada para grabación, se la llevó a Javier Romero, quien la adaptó para que pudiera grabar, sacándole ruido y potenciando el audio. 

 

 

El micrófono. Nahuel Jofré, Maguu, Maytilli Devi, Ariel Sedevich, son solo algunos de los muchos cantantes que grabaron sus álbumes bajo la supervisión y los consejos de Víctor. Mientras los recuerda, suena de fondo lo último de los Alfajores de la Pampa Seca, grabado ahí mismo. 

 

 

El violín. Vemos bajos, bombo, amplificadores, la vieja guitarra que Tito Francia le enseñó a tocar a su papá y toda una artillería de micrófonos. Pero en el medio destaca una presencia extraña: su violín, madera de casi un siglo, está apoyado y quieto, con el aire de “doblemente quietas que tienen las cosas movibles cuando no se mueven”, a decir de Cortázar. 

 

 

El espíritu. Víctor toca en el grupo de Maytilli Devi un repertorio de música del mundo, especialmente espiritual.

En su rincón vemos: un sillón que rescató de la calle, piedras energéticas, una lámpara, mantas y almohadones que le trajeron de regalo de la India. Junto a estos objetos, también hay una escultura y una escalera hecha por Guillermo Rigattieri.