• Domingo, 7 de mayo de 2017
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Foto 360: Sara Rosales, mujer, paz y destino

Estilo muestra con capturas panorámicas la intimidad donde los artistas crean. Esta vez, visitamos el atelier de Sara Rosales, una artista plástica de amplia trayectoria, cuyo pincel se dedicó siempre a indagar en el universo femenino. Es la Dama del Arte Mendocino, según la proclamó el reconocido poeta Carlos Levy.

Daniel Arias Fuenzalida - darias@losandes.com.ar / Fotos: Orlando Pelichotti

 

Ella... nació en Mendoza en 1939. Estudió en la Academia Povincial de Bellas Artes y pertenece a una generación dorada de ilustres mendocinos: allí coincidió con Antonio Sarelli, Alfredo Ceverino, José Scacco (fallecido recientemente) y Ángel Gil, entre otros. 

Está presente...  en colecciones privadas de Argentina, Israel, España, Venezuela, Italia, Estados Unidos, Chile, Cuba (en la Casa de las Américas), entre otros países. Es una gestora cultural infatigable, ocupó cargos políticos y en la producción de varias Vendimias. 

En su obra...  se expresa “amistad, comunicación, el puente inmortal donde los silencios subjetivos se amalgaman”, como decía Fernando Lorenzo en ocasión de su primera muestra, en 1973. Allí el camino ya estaba marcado: hoy podríamos suscribir esas palabras.  

En sus palabras... “Una obra a mí me pertenece cuando estoy con ella a solas. Cuando ya hay otra mirada, pasa por su alambique, por su sensibilidad. ¿Qué es el arte? Es esa llavecita sutil que abre las puertas de la sensibilidad”, explicó a Estilo. 

 

 

La foto

Materiales. Aunque la mayoría de sus cuadros están pintados en óleo, también incursiona en técnicas como el plateado y dorado a la hoja, tintas y collages. 

 

 

El reflejo. Desde que pinta sentada, copia la anotomía de las manos desde el reflejo de sus propias manos en un cristal del otro lado de la pared. Así nacen las manos de sus mujeres etéreas. 

 

 

Mujer, paz y destino. Ésta es una de las pinturas que resume su poética: pájaros anunciadores (palomas de la paz, por ejemplo), hilos como símbolos de la continuidad de la vida y su destino (pueden unir, como el hilo rojo, o separar, como el de las Parcas) y, sobre todo, la mujer. Mujeres sustraídas de la temporalidad y como punto donde confluyen todas sus búsquedas, porque en su obra los hombres siempre están sugeridos o incompletos.

 

 

Entre dos manos. En una de sus últimas series, expuesta en 2014, toma la leyenda japonesa del hilo rojo, que une en un juego mágico junto a sus mujeres seductoras y misteriosas. Comenta: “Un psicólogo me dijo que todas las miradas de mis mujeres buscan algo. Según él, buscan un complemento, el hombre”. 

 

 

Agradecimiento. En una de sus obras más impactantes, recurre a la iconografía mariana. Para componer el rostro de la Virgen, exploró una gran cantidad de gestos, con el fin de dar con el que ella quería: la bondad absoluta. 

 

 

Una musa. A Sara no le gusta presumir sus (muchos) reconocimientos, entre los que figura una distinción sanmartiniana. Su pintura es inspiración para colegas y amigos: Carlos Levy, célebre escritor mendocino, la declaró alguna vez la “Dama del Arte Mendocino”.