Opinión Sábado, 12 de agosto de 2017 | Edición impresa

Éxodo rural o políticas nulas para el sector

Por José Luis Burba - Profesional asociado INTA. Centro Regional Mendoza-San Juan

A raíz de la nota editorial de diario Los Andes del 7 de agosto, donde se reclama que hay que hacer algo con el éxodo rural, se me ocurrió reflexionar al respecto.

Como en todos los casos, cuando se habla desde donde no se conoce, los riesgos de "meter la pata" son altos. En el caso de la "ruralidad" esto es una constante.

Hay pocos políticos de raíz rural, y si los hay "no son del palo" del sector más afectado, es decir de los que menos tienen, de los que "trabajan de trueno pero es pa' otro la llovida" como dijo el poeta.

Que haya éxodo rural en la región pampeana, no tiene casi efecto sobre la economía del bolsillo de los que se van, pero en aquellas regiones, donde la mano de obra de las actividades rurales es intensiva, la historia es otra.

La actividad económica de los pueblos o ciudades chicas no es lo mismo que las grandes metrópolis, donde la población periférica (mal llamada marginal), aspira a encontrar trabajo en la construcción, y crecer desde allí. En las urbes pequeñas, la población del cinturón periférico no es urbana ni rural, está en situación intermedia donde no encuentra trabajo en la construcción ni tiene las condiciones y aptitudes para ser trabajador rural.

Desde estas óptica sí hay organismos que viven la situación y realizan propuestas para evitar el éxodo rural, y un caso concreto se da en el Valle de Uco, que concentra la mayor producción de ajo (mano de obra intensiva), pero éste es procesado mayoritariamente en el cinturón peri urbano de la ciudad de Mendoza, con más mano de obra de uso intensivo.

Retener mano de obra en el campo implica que el Estado debe generar las condiciones generales de bienestar (agua potable, caminos, comunicaciones, educación), para que los jóvenes no se "tienten" en irse del pago, pero también es obligación de las empresas privadas prestar atención al fenómeno.

En muchos países de Europa, caso de España por ejemplo, el Estado se preguntó cuánto le cuesta al erario generar en las grandes ciudades condiciones de bienestar (casas, agua, cloacas, energía, salud, educación, no polución, comunicaciones, etc.), y llegaron al cálculo que es mucho mas económico y conveniente crear estas situaciones en el ambiente rural, y de hecho así lo hicieron en muchísimos casos.

El INTA desarrolló para el Valle de Uco varias propuestas de probado suceso si se llevaran a cabo: desde Argentalia (la ciudad del ajo), a los Playones de Corte y Limpieza (P-CLA), ambos emprendimientos de gestión mixta. Hoy los parques industriales son más parecidos a negocios inmobiliarios que a un sistema de promoción industrial racional, temático, y sistemático. 

Esto evitaría que los jóvenes se vayan para no volver y dejen a los pueblos "vacíos" y pierdan la esencial necesidad de "pertenecer" a su comunidad. 

Sólo es necesario que la política se haga cargo de su parte y que las empresas se sienten en la "mesa del progreso" y no en la mesa de las "negociaciones".


Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de Los Andes.