• Jueves, 12 de enero de 2017
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Espacios verdes y responsabilidad ciudadana

Para cuidar el ambiente que nos rodea hacen falta pequeños grandes gestos, como por ejemplo no dispersar basura cuando visitamos prados, plazas o lugares verdes. Simplemente con regresar al hogar con los residuos para volcarlos a la basura, es una buena medida.

Editorial

El cuidado y la limpieza de nuestros espacios verdes y públicos es siempre una materia pendiente en todo el territorio provincial.

Plazas, parques -especialmente esas hectáreas de fronda y prados que constituyen el parque General San Martín-, rotondas y los bordes y canteros de las rutas, se muestran muchas veces excedidos de basura urbana que arrojan precisamente los usuarios... ¿Acaso esos exponentes de frescura y sosiego no están dispuestos para el beneficio y la salubridad de los habitantes? El primer interés por mantenerlos al menos en una moderada condición de higiene debería partir de nosotros mismos. Pero, por más que se repiten advertencias y recomendaciones, las superficies descriptas son invadidas infaltablemente por un muy variado muestrario de desperdicios, donde bolsas y envases plásticos se disputan los primeros puestos. 

Así y todo los sectores a los que nos referimos recuperan sus bondades cada vez que cuadrillas de operarios los limpian, lo que no siempre ocurre con la periodicidad necesaria.  

Las pruebas de lo que sostenemos están a la vista en la experiencia de cada habitante, en cualquier departamento que elijamos a modo de muestra. Por ejemplo, narramos el caso de la llamada rotonda de la Virgen, en Luján de Cuyo, donde se unen tres vías de comunicación, junto al canal Cacique Guaymallén, portal de ingreso a un bello lugar como es Vistalba. Es un punto de confluencia de muchas personas -especialmente de jóvenes- en los atardeceres y la noche en busca de aire fresco, ahora que las temperaturas trepan por sobre 30°C. Pues bien, en cada amanecer, con mayor énfasis pasados los fines de semana, ese agradable escenario desborda de basura y botellas tiradas por todos lados, patrón de conducta que se multiplica por doquier. 

Realmente con poco, muy poco, se podría mantener un mínimo de aseo y el disfrute de estos pequeños o grandes oasis. Bastaría con guardar en bolsas de residuos lo que vamos a descartar tras nuestras reuniones de camaradería, esparcimiento o descanso, y retornar al hogar con esa mínima incomodidad de llevar lo descartado para que los recolectores habituales le den su destino final.

Viajeros que han recorrido algunos parajes de la Patagonia argentina durante este verano que ya promedia, han descripto, a través de las redes sociales, los comportamientos ambientales de esas comunidades. 

Una familia describió el proceder de vecinos que acuden por fresco a un paseo costero del río Chimehuin, que cruza a pocas cuadras del centro de la ciudad de Junín de los Andes, Neuquén. Señalaban esos viajeros que pese a la alta concentración humana sobre el césped y bajo las espesas arboledas, la dispersión de residuos por el contorno es casi cero. El municipio del lugar logró ese comportamiento ambiental tras una intensa campaña de promoción y logró incentivar el regreso al hogar portando lo que ya no sirve luego del consumo de comida, gaseosas y otras bebidas. Por supuesto que también hay cuadrillas de barrenderas y “pincha papeles”, generalmente mujeres, que refuerzan el aseo. Asimismo, se realizan dos limpiezas anuales del curso de agua y su costa con la participación activa de personal de organismos públicos, particulares y el público en general.

El resultado entonces es la existencia de sitios ideales para recostarse a tomar sol, cobijarse en la sombra a observar el paisaje o compartir con amigos y familiares el tiempo libre, en un contexto de limpieza bastante próximo a lo ideal. Como se ve es el ciudadano el que dispone de herramientas eficaces y un máximo protagonismo para la preservación de los espacios verdes existentes, contra cuyo deterioro debemos luchar con sensatez y convicción y en forma permanente.