Opinión Martes, 18 de abril de 2017 | Edición impresa

En relaciones internacionales no hay democracia posible

Desde lo discursivo, "democratizar las relaciones internacionales" es un engaño. Lo que se quiere decir es sustituir, en algunos casos por la violencia, un orden internacional dado por otro, no poner la decisión a nivel de los individuos. La Historia ha s

Por Rodolfo Vacarezza - Licenciado en Relaciones Internacionales

Desde lo discursivo, "democratizar las relaciones internacionales" es un engaño. Lo que se quiere decir es sustituir, en algunos casos por la violencia, un orden internacional dado por otro, no poner la decisión a nivel de los individuos. La Historia ha sido testigo de ello. 

Resulta difícil aplicar al ámbito internacional un orden democrático como el que impera en la política interna de los Estados; principalmente porque en aquel ámbito predomina, como variable determinante, el interés nacional, que se sostiene y busca  el poder en sus diversas formas. 

En relaciones internacionales un Estado no es igual a otro; a diferencia del ámbito doméstico, donde un individuo es igual a otro (en el aspecto formal-jurídico, no existencial). Por ello, resulta difícil institucionalizar el gobierno de la mayoría en el orbe, incluso la organización internacional de alcance universal por antonomasia, las Naciones Unidas, defensora del interés general, tiene un mecanismo, que asegura ese poder internacional: el derecho de veto. 

Siendo las relaciones internacionales un flujo de actividades sociales en todas las direcciones y niveles, la dificultad aumenta, porque no todos los Estados son democráticos y existe una diversidad cultural importante, entonces entran en juego temas tales como la soberanía, la no injerencia en los asuntos internos, multiculturalismo, etc. 

Que los pueblos decidan la suerte del mundo, resulta aún más descabellado, porque esa voluntad general estaría, siempre, mediatizada por las estructuras estatales y condicionamientos preexistentes. 

A lo sumo, una "opinión pública mundial", podría ser un lobby mundial, pero no un decisor mundial. 

Lo contrario, implicaría disolver los estados nacionales y desconocer un sentimiento profundo en el hombre: el nacionalismo. 

Desde lo discursivo, "democratizar las relaciones internacionales", es un engaño, lo que se quiere decir es sustituir, en algunos casos por la violencia, un orden internacional dado por otro, no poner la decisión a nivel de los individuos. La Historia ha sido testigo de ello. 

Qué decir del Derecho Internacional.... dada su marcada nota de insuficiencia coactiva, es una herramienta imperfecta para imponer o mantener aquel orden. 

Creemos que consenso es la palabra clave. El consenso internacional es el sustituto de democracia en política entre naciones y su herramienta es la negociación; pero bien entendido consenso entre intereses nacionales, no de una voluntad general. 

El análisis entendemos debe circunscribirse y acotarse a la gestión común de determinados bienes públicos globales (medio ambiente, espacio ultraterrestre, Antártida, etc.). 

Aquí entran en juego las organizaciones internacionales especializadas y los esquemas de integración, en defensa del interés de algunos estados. 

Por ello, debemos bajar las pretensiones y movernos en terrenos más concretos. Es justo sí preguntarse, por ejemplo, por temas tales como la mejora en los términos del intercambio en el comercio internacional, la representatividad de los organismos internacionales (geográfica y por potencias emergentes), la jurisdicción universal, etc. 

En esos temas y ámbitos, nos podemos acercar a un ideal, muy imperfecto de democracia, pero en todo caso, siempre nos movemos en el ámbito de la utopía. 

 

 Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de Los Andes.