• Jueves, 16 de marzo de 2017
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En busca de una separación “civilizada”

La terapia de pareja, el buen dialogo y ver los aspectos positivos del otro ayudan a terminar de manera amistosa una relación.

DPA

 

¿Qué dificulta una separación de pareja?

Por lo general se trata de constelaciones en las que un miembro de la pareja difama al otro. Los ataques verbales se convierten en moneda corriente y el otro es visto como Satanás. Muchas veces son apenas matices los que diferencian una separación difícil de una dramática.

Si la separación lleva tiempo sin definirse y las posiciones están claras, así como el deseo de separarse, no hace falta tener una última gran charla. De acuerdo con algunos terapeutas de pareja, en esa "última conversación" a veces escala la tensión.

¿En qué casos tiene sentido la terapia de pareja?

Para algunos terapeutas, sólo tiene sentido si se está dispuesto a escuchar al otro. Sin embargo, muchas parejas suelen haber pasado de largo ese momento hace rato y ya no tienen disposición a ningún tipo de escucha. Para otros, la terapia siempre tiene sentido.

A veces, puede ser un impulso para contemplar la situación con los ojos del otro. Para ello es decisivo dejar de percibirse como víctima y reconocer algunas cosas. Algunas personas logran llegar a tiempo al terapeuta, es decir, de forma preventiva, antes de que los frentes se endurezcan del todo.

¿Qué se puede hacer si la situación se vuelve peligrosa?

Si uno se siente amenazado por su pareja en el proceso de separación o es agredido físicamente, no hay muchas chances: hay que dejar la vivienda y poner fin a todo contacto. Sin embargo, algunas personas no logran dar este paso por más que las alienten a ello familiares y amigos.

Otro fenómeno en las separaciones conflictivas es el "stalking" o acoso. Se puede tratar de persecuciones en vivo o llamados permanentes, mediante los cuales se intenta volver a conquistar a la pareja porque no se acepta la separación.

¿Cómo lograr una separación amistosa?

Las separaciones amistosas o prolijas se producen cuando uno se puede separar sin pensar que el otro es un monstruo. Es decir: quizá mi pareja me haya desilusionado con su accionar, pero sé que tiene también un costado bueno y lo mucho que nos amamos. Pero también es cierto que no todos pueden lidiar con esa ambivalencia.