Opinión Sábado, 15 de julio de 2017 | Edición impresa

El Acuerdo de San Nicolás, nuestro Pacto de la Moncloa

Por Por Roberto Azaretto - Miembro de número de la Academia Argentina de la Historia.

Hace 165 años, el 31 de mayo de 1852, se firmaba en San Nicolás de los Arroyos, un documento que pasó a la historia como el Acuerdo de San Nicolás, por los gobernadores de las provincias argentinas.

Después del triunfo en Caseros, Urquiza eligió al joven abogado Bernardo de Irigoyen para que entrevistara a los gobernadores en las provincias y los invitara a reunirse en San Nicolás. Bien elegido estaba Irigoyen, que conocía las provincias por haber colaborado con Rosas.

Urquiza convocaba a los gobernadores que habían mantenido su fidelidad al vencido en Caseros y lo habían agraviado con insultos y todo tipo de epítetos descalificatorios en sus comunicaciones. Pero actuaba fiel a su pensamiento divisa de "ni vencedores ni vencidos" y de buscar que los emigrados y los que habían sostenido el sistema anterior fueron amparados por la misma bandera con las garantías de una constitución que reconociera las libertades y los derechos de todos.

En San Nicolás se resolvió convocar a una convención constituyente, con representación igualitaria para cada provincia, para redactar una constitución que sería aprobada por mayoría, asumiendo que la soberanía estaba en la Nación. Se le confió a Urquiza el cargo de Director Provisorio de la Nación, estableciendo por primera vez desde 1827 una autoridad nacional y se acordaron medidas para asegurar la libertad de navegación de los ríos de manera de terminar con el monopolio portuario porteño.

La Legislatura de Buenos Aires rechazó el acuerdo, que le obligaba a ceder parte de la renta de aduana para el sostenimiento de los gastos nacionales y la representación igualitaria en la convención constituyente, pues consideraba que por población y por riqueza le correspondía otro rol en el proceso constitucional. No envió diputados a la convención que se reunió en Santa Fe y redactó y aprobó la Constitución Nacional en 1853, iniciando un proceso de segregación que duró hasta el Pacto de San José de Flores, luego del triunfo en Cepeda de Urquiza.

Pero merced al acuerdo de San Nicolás tuvimos constitución y trece provincias iniciaron el desarrollo institucional argentino que culminará cuando en 1860 una nueva convención aprueba unas reformas propuestas por Buenos Aires, consolidándose así la Unión Nacional. Ese es el fruto del Acuerdo de San Nicolás, por eso ahora que se replantea la necesidad de un Pacto de la Moncloa para darle estabilidad al país y superar su difícil situación económica social vale recordar que los argentinos tuvimos nuestro pacto cuando hubo que salir del largo ciclo de autoritarismo porteño de Juan Manuel de Rosas.

Un adversario de entonces del Acuerdo de San Nicolás, que regresó al exilio luego de Caseros convencido que Urquiza sería un nuevo Rosas, el sanjuanino Don Domingo Faustino Sarmiento, le rinde homenaje en una tertulia en casa del entonces presidente Nicolás Avellaneda que pregunta a Sarmiento sobre los militares que había conocido y si el general Paz era el más talentoso.

Para sorpresa de los asistentes, escucharon "Urquiza"; así contestó sin trepidar y cuando la exclamación de sorpresa con que fue recibida su respuesta agregó "Sí, Urquiza tenía genio militar y también genio político", luego de hacer comentarios sobre la campaña que culminó en Caseros, destacando los aciertos militares del estadista entrerriano se refiere al genio político: "Su programa de fusión, de olvido del pasado, su llamamiento a los federales de posición social que no se habían manchado con crímenes como los Anchorena, los Carreras, Don Lorenzo Torres, etc, no tenía como objeto como se ha creído indignamente ofender a los unitarios y satisfacer sus pasiones de partido sino que por el contrario eran el fruto de un lúcido y bien meditado plan político, porque creyó con razón, que no era posible fundar un gobierno solamente con nosotros, que éramos llamados advenedizos, porque no teníamos ni fortuna ni familia ni relaciones ni vinculaciones de ningún género con la sociedad de nuestro país. Pero en los que demostró más habilidad política fue en convocar a los gobernadores al Acuerdo de San Nicolás".

"Derrotado Rosas no quedaba ninguna institución, ningún poder, nada quedaba en pie sino esos gobernadores de provincia, semi bárbaros todos, y asesinos y ladrones en su mayor parte. Eso era lo único que podía servirle para formar un Congreso que constituyera el país. Ahora estoy perfectamente convencido de ello".

Estas reflexiones de uno de nuestros mayores estadistas debemos tenerlas en cuenta, porque se escuchan voces de los que medran con las diferencias y los enfrentamientos estériles cuestionando posibles acuerdos futuros. Los pactos o acuerdos no son buenos o malos en sí mismos. En general, el acuerdo siempre es más constructivo. En realidad de lo que se trata y si promovemos acuerdos en función del interés general que permitan remover las rémoras que traban el progreso argentino y empobrecen a un tercio de la población o se trata de pactos para preservar privilegios corporativos, sean empresarios o sindicales o las prebendas de las oligarquías políticas que someten con sus arcaísmo feudales a gran parte de las provincias argentinas.

El Acuerdo de San Nicolás sentó las bases para que construyéramos una nación moderna en un desierto, en la experiencia más exitosa de las antiguas posesiones de la corona castellana.

El acuerdo o pacto que algunos proponen debe estar anclado en esa tradición y no ser el instrumento para mantenernos en la mediocridad y el estancamiento.