• Sábado, 31 de diciembre de 2016
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Dos secretarios para San Martín

Fueron testigos del cruce de los Andes, la batalla de Chacabuco y la liberación de Santiago de Chile por parte de los patriotas. Manuel José Amite Sarobe y el chileno José Ignacio Zenteno, estuvieron en los “papeles” de la Campaña Libertadora.

Carlos Campana - las2campanas@yahoo.com.ar

Hacia fines de diciembre de 1816 y principios de enero del siguiente año, el Libertador, junto a sus jefes y oficiales, preparó la marcha hacia Chile con el fin de su liberación.

Entre sus colaboradores más cercanos estaban sus dos secretarios, Manuel José Amite Sarobe y  el chileno José Ignacio Zenteno.

Ambos lo acompañaron durante el cruce hasta culminar en la batalla de Chacabuco y la gloriosa entrada a Santiago de Chile, el 14 de febrero de 1817. 

 

Bios de pluma y letra 

Se conoce poco sobre la vida de Manuel José Amite Sarobe. Fue militar y obtuvo el grado de subteniente del regimiento de infantería “granaderos de Fernando VII”, que luego se convirtió en  “granaderos de Terrada”. En 1811, participó en el primer sitio de Montevideo. Tiempo después, se unió al comandante Terrada en Mendoza. Participó en la campaña de Chile y  luego se estableció en  Buenos Aires. 

El otro secretario de San Martín, José Ignacio Zenteno, nació en Santiago de Chile, el 28 de julio de 1786. Estudió en el Colegio Carolino e ingresó en la Universidad de San Felipe. Desde muy joven manifestó su adhesión a los ideales revolucionarios.

Fue uno de los que firmó el Reglamento Constitucional de 1812 en ese país. Dos años después, obtuvo el cargo de secretario del Director Supremo chileno Francisco De la Lastra. Por aquel tiempo, una facción de patriotas se levantó en armas y originó la caída de ese gobierno y la prisión para Zenteno. 

En octubre de 1814, los patriotas perdieron el territorio chileno en Rancagua y Zenteno se exilió en Mendoza. Tres años después, regresó triunfante al  país trasandino y el flamante Director Supremo Bernardo O'Higgins lo nombró ministro de Guerra, función que ocupó hasta 1821. Además le fue designado el puesto de gobernador de Valparaíso. 

Zenteno formó la primera Escuadra Nacional de ese país, que permitió la expedición libertadora del Perú en 1820. Por algunos años se exilió en el Perú y luego regresó a  Chile. Como militar llegó a ser general; además  fue profesor de la Facultad de Leyes de la Universidad de Chile y miembro del Tribunal de Apelaciones de la Corte Marcial.

También ocupó el cargo de Diputado nacional para el período 1846-1849, fue vicepresidente de la Cámara y murió en el ejercicio de su cargo. Entre otras actividades trabajó como periodista del diario El Mercurio. 

 

El granadero y el filósofo 

Durante la gobernación del entonces coronel mayor José de San Martín en Cuyo, la secretaría de gobierno estuvo a cargo del subteniente Manuel José Amite Sarobe, llegado en 1813 a Mendoza, junto al primer gobernador intendente, el coronel Terrada. 

Con la venida del nuevo gobernador San Martín, en setiembre de 1814, el joven militar siguió en esa función,gracias a las referencias dadas por su antecesor, quien lo consideraba una persona muy discreta y trabajadora. 

Con la difícil situación política y militar que reinaba en la región, era difícil poder emprender solo la tarea como secretario. Para solucionar este inconveniente, el Libertador dividió en dos aquel despacho y  buscó otra persona para ese puesto.   

El hombre indicado se llamaba José Ignacio Zenteno, que vivía en las afuera de la ciudad y se desempeñaba por entonces como comerciante. 

El filósofo -así le llamaban- asumió esa cartera el 29 de enero de 1816. Junto a Amite Sarobe trabajaron arduamente para atender todas las necesidades que tenían, tanto la secretaría de gobierno como la de guerra. 

 

Sin mail y sin whatsapp 

Por sus manos pasaban cientos de documentos, algunos de carácter reservados: comunicaciones de espías, decretos, bandos. También la declaración de la Independencia, el decreto de la creación del Ejército de los Andes, el plan de campaña a Chile, entre otros. 

Llevaban además un registro minucioso llamado copiadores en donde se volcaban las notas enviadas al Director Supremo, gobernadores, diferentes ministerios, funcionarios y legisladores. También las de los temas particulares, pedidos y otras notas. Elaboraban los “acuerdos”, que eran una especie de agenda de las actividades diarias.

Era común el dictado de notas u órdenes de San Martín a sus secretarios. Además, ellos tenían la responsabilidad de enviar la correspondencia por correos o chasquis hacia diferentes destinos. 

En la madrugada del 25 enero de 1817, los dos partieron junto al Capitán General José de San Martín y una pequeña comitiva del Estado Mayor rumbo a la estancia de los Manantiales, lugar donde se montaría el cuartel general el 31 de enero. 

Lo más interesante es que, a doscientos años de aquellos acontecimientos, sus notas escritas de puño y letra siguen vivas en los archivos del país.