Opinión Jueves, 13 de julio de 2017 | Edición impresa

Desarrollo territorial

Por Ricardo Bekerman - Arquitecto. Integrante del grupo ECO-Habitat

La tan esperada Ley de Uso del Suelo en Mendoza, con sus ajustes y modificaciones, está siendo tratada en la Legislatura provincial.
Una vez que la misma sea acordada y sancionada, deberá ser cumplimentada por los ciudadanos.

Para su puesta en vigencia serán los municipios los responsables en considerar el mejor cumplimiento de sus fines. Al respecto, las comunas y sus distritos se deberán ver en la necesidad de tener en cuenta la particularidad del territorio mendocino, que presenta dos características que seguramente serán consideradas al momento de la toma de decisiones para su mejor uso y aplicación: el  suelo de los oasis y el suelo del desierto, presente en buena parte de nuestro territorio.

Muchos son los factores que se deberán ponderar para decidir sobre su uso racional. Me permito enunciar a continuación algunos de dichos factores que opino se deben considerar en el análisis de cada situación:

En primer lugar debemos tener en cuenta el recurso agua; luego el energético, y posteriormente la actual y futura estructura del transporte en el territorio provincial y su interrelación con el ámbito nacional e internacional.

También debe ponerse en consideración el  escaso desarrollo de los poblados del territorio provincial, como asimismo el casi nulo uso del suelo en el secano mendocino (la zona no irrigada).

La incidencia de los puntos indicados como  escaso desarrollo de los poblados y la situación del secano, en la distribución de la población mendocina, que se ve impulsada a acercarse y participar del crecimiento desmedido de los centros urbanos importantes situados en los oasis Norte, Centro y Sur.

Tampoco deberán despreciarse las necesidades básicas a satisfacer para las familias que desearan mantenerse en sus actuales lugares de residencia y no emigrar a las grandes ciudades.

Otro tema será la posibilidad de ofrecer, en sentido inverso, la llegada a diferentes puntos de la provincia de habitantes de las ciudades grandes, que no han logrado satisfacer sus expectativas de vida urbana y deseen acceder a los beneficios saludables de vivir en pequeños grupos urbanos.

Están además las potencialidades de cada sitio de nuestra provincia para ofrecer trabajo, basadas en ofertas de cultivos, fabriles, educacionales, turísticas.

No puede dejarse de lado el efecto económico que puede resultar de potenciar las cualidades de cada región o lugar, como pueden ser las aguas termales para salud o recreación, tal el caso del pozo termal de Tupungato, el del paraje El Sosneado, Puente del Inca, entre otros. Al respecto se debieran alentar emprendimientos que exploten estas posibilidades.

Los factores enunciados precedentemente, que pueden ampliarse en función de cada municipio, deberían tenerse en cuenta previo al enunciado de normas de uso del suelo.

De esta forma, y con medidas de promoción, tales como exenciones o disminuciones de cargas impositivas, acordadas a nivel comunal, provincial y nacional, se podrían convertir en buenas alternativas para la mejor distribución de la población en nuestro territorio y  posibilidades de brindar trabajo genuino a los mendocinos y a gente que desee incorporarse a nuestra población. En muchos casos podrían ser inmigrantes, que se verían mejor integrados a nuestra sociedad.

Villas inestables. De igual manera, al promover la radicación de personas en el territorio de la provincia, sería muy probable que se pudiera dar solución a la existencia de las más de 200 villas inestables, y se podría controlar el crecimiento desmedido de las ciudades grandes, resultando con mayor posibilidad el control de la seguridad en las mismas, hecho que tanto angustia a nuestra comunidad.

Los Estados municipales deberán coordinar sus planes de equipamientos y vivienda con el Estado provincial, a efectos de apoyar sus planes de desarrollo locales.

Las luces y las oportunidades de las grandes ciudades de la provincia, limitadas en su crecimiento exacerbado, podrán ser gozadas también por otros habitantes de nuestro suelo, a través del transporte por ómnibus y trenes, y por qué no aviones para unir la ciudad de Mendoza, con las alejadas Malargüe, General Alvear o San Rafael. Indudablemente la Capital deberá ofrecer comodidades a sus visitantes, que podrán participar junto a los capitalinos, de espectáculos cuyo costo se puede solventar con muchos espectadores, tales como grandes orquestas y ballets internacionales, una gran biblioteca, museos propios, una catedral, un hospital de alta complejidad, el Parque General San Martín, etc.

No una imposición. Pero también los ciudadanos de la Capital y vecinos circundantes tendrán la posibilidad de visitar los centros más pequeños que se hayan desarrollado en función de sus potencialidades.

La Ley del Uso del Suelo, y los reglamentos y ordenanzas territoriales que surjan de ella, no deben ser una imposición que coaccione a los pobladores del territorio, sino una guía para lograr mejores condiciones de vida y oportunidades para el desarrollo integral de los mendocinos y de aquellos que elijan nuestra provincia para vivir en forma permanente, o simplemente la visiten para gozar de sus diferentes características y del cordial trato que deberán demostrar sus habitantes.