• Sábado, 17 de junio de 2017
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De Maracaibo a La Consulta: la familia venezolana exiliada

Karen, Héctor y su hija Estefanía llegaron en enero, escapando de la triste realidad política y económica de su país. Conducen programas en una radio local, mientras se habitúan a los fríos y los asados.

Gisela Manoni - gmanoni@losandes.com.ar

Karen Virla (31) y Héctor Barroso (28) se manejan como dos vecinos más de La Consulta. Desde que llegaron en enero, consiguieron algo de trabajo -para mantenerse hasta que logren revalidar sus títulos-, se van acostumbrando a los inviernos crudos y hasta disfrutan como locales de un buen asado entre amigos. Sin embargo, su mente sigue en Venezuela. Sus hermanos y amigos están “regados” por distintas partes del mundo y ellos viven “con zozobra todo el tiempo” por la familia que está allá. 

Nunca comulgaron con la política chavista. Marcharon y hasta tienen fotos con el líder opositor Enrique Capriles, pero sostienen que no son militantes.

Se autodefinen como unos de los tantos profesionales que “huyeron de la dictadura de (Nicolás) Maduro”, pues así califican el actual momento histórico de su país. 

“Yo porque tenía la nacionalidad argentina, si no seríamos exiliados políticos en cualquier país como todos nuestros amigos”, acota Héctor. Antes, averiguaron para radicarse en Chile y Estados Unidos, pero pesó el tener la doble ciudadanía y a toda la familia paterna de Héctor en San Carlos. 

 

 

“Igual, confiamos en que algún día nuestra nación se reestablezca y podamos volver, enriquecidos con las experiencias vividas en otros territorios”, acota Karen y los ojos de su pequeña Estefanía se iluminan porque añora volver a jugar con su mejor amiga, Valeria.

Karen es abogada y trabajaba en un estudio jurídico. Héctor es licenciado en Comunicación Social y técnico en Informática. En su país se desempeñó muchos años como DJ. Vienen de Maracaibo, una ciudad al noroeste de Venezuela, en el estado de Zulia. La segunda en importancia, después de Caracas, por su población y la actividad petrolera. 

Su historia, con todas sus subjetividades, refleja el clima que hoy vive una porción de la sociedad venezolana. Héctor no cree que las opiniones sobre el actual gobierno estén aún tan divididas. “Ya trasciende el tema político para ser una problemática social. Un venezolano promedio hoy gana 27,57 dólares mensuales”, asegura. 

“A la inflación, la inseguridad, el desabastecimiento los sufren todos los colores políticos. En el supermercado no vas a encontrar jabón, pasta dental, papel higiénico ni pañales. El que tiene recursos se lo compra a los bachaqueros”, comenta Karen y explica: “Son quienes contrabandean estas mercaderías de Colombia y las venden a precios desorbitantes sin control. Ahorita, aquello es un país sin ley”. 

Según relatan, la gente hace cola toda las mañanas en la puerta de los mercados, “cuando avisan que llegarán los productos en falta”. Y encima las compras están supeditadas a la terminación del documento de identidad. 

El acceso a los medicamentos también es una odisea, “aún contando con seguro social”. Uno de los factores que los ayudaron a tomar la decisión de dejar Venezuela fue el tortuoso proceso por el que pasó la familia de Karen cuando le diagnosticaron cáncer a su padre y no encontraban en ningún sitio los remedios para la quimioterapia. 

“Los hospitales y las farmacias están devastados. Yo rogaba que mi hija no se enfermara, porque tenés que recorrer todas las farmacias, incluso ir a otras ciudades, para conseguir un antibiótico”, expuso la abogada. 

A esta mala experiencia se le sumó el incremento de la inseguridad. Los jóvenes sostienen que es “intolerable, no hay familia que no haya sufrido un robo”.

Es más, a una semana de venir a la Argentina y con los boletos comprados, fueron asaltados por sujetos armados que les robaron el auto al llegar a su casa.

Ellos vieron en el desarraigo una salida. Lo mismo que mucho de sus amigos, que “huyeron antes”. Las dos hermanas de Karen y sus esposos -todos médicos- se mudaron a Miami (“hoy es una sucursal de Venezuela”) y Arabia Saudita. Su mejor amiga está en España. Por su parte, Héctor tiene amigos desperdigados en Chile, Buenos Aires y Paraguay.

 

 

Ambos sostienen que los medios no dimensionan lo que ocurre hoy en Venezuela. “Hay jóvenes valientes que arriesgan su vida en las marchas. Los amedrentan, secuestran y matan. Y la gente tiene miedo”, comentan y sostienen que sólo la juventud puede generar un cambio en su país. 

 

Hijo de un mendocino

Sin planearlo, el comunicador venezolano desandó el camino realizado por su padre, también de nombre Héctor. El hombre nació en Chilecito, en una familia de bajos recursos, y a los 14 años se fue a Buenos Aires buscando trabajo. En plena dictadura argentina, le ofertaron “un laburo en una tintorería que abría en Venezuela” y se fue. 

Llegaron el 1 de enero a Buenos Aires. “Allí está plagado de venezolanos”, dice Héctor. Es más, su mejor amigo el año pasado se instaló allí con su familia.

Como creyeron que el costo de vida y el trabajo es más favorable en ciudades chicas, optaron por instalarse San Carlos. 

Desde que llegaron se sintieron como en casa, aunque extrañan la playa, las arepas y sobre todo a la familia. Actualmente, Karen ayuda en la administración de un local y ambos tienen programas en la radio local FM 106.3, donde ya se han hecho queridos por la audiencia. 

Ahora quieren reunir mercadería y medicamentos para enviar a su país. Los interesados en colaborar pueden llamar al 2622-537320.