Opinión Domingo, 13 de agosto de 2017 | Edición impresa

Costos y beneficios de ganar o perder

Cristina Fernández habló poco, se la vio menos y mostró una imagen de modestia que no irradiaba cuando ocupaba la Casa Rosada.

 

Carlos Sacchetto - Corresponsalía Buenos Aires

Si bien existe un fuerte cuestionamiento a la utilidad de las elecciones primarias que se realizarán hoy en todo el país, cada fuerza política pone en juego una buena parte del destino que afrontará en octubre, cuando se compita de verdad por las bancas a renovar en el Congreso Nacional.

Siempre los resultados de la provincia de Buenos Aires han sido importantes por tratarse del principal distrito electoral, equivalente al 38 por ciento del padrón general, pero en esta oportunidad tendrán una relevancia especial. 

El escrutinio dirá cuánta vigencia conservan en la sociedad las ideas, el discurso y el estilo político que representa Cristina Fernández de Kirchner, a 20 meses de haber finalizado su presidencia. 

La vara es alta para la ex mandataria, porque los porcentajes obtenidos por sus candidatos en territorio bonaerense en 2015 -año en que resultaron perdedores Daniel Scioli a la Presidencia y Aníbal Fernández a la Gobernación-, deberían ser superados por ella, que nunca siendo candidata fue derrotada. 

Para el gobierno de Mauricio Macri, que eligió como estrategia confrontar en forma directa con Cristina para que sirviera como un contraste de gestiones, el desafío se tornó comprometido y riesgoso. De allí que debió ponerse al frente de la campaña la gobernadora María Eugenia Vidal, dueña de una imagen positiva en el distrito. 

Hasta anoche, en ambos sectores en disputa se hacían más especulaciones sobre lo que podría ocurrir con la derrota que con el triunfo.

Eso da una idea de la importancia que se asigna a los costos políticos que debería pagar cada uno en caso de perder. Es cierto que, de existir diferencias estrechas en la cantidad de votos, los resultados de hoy podrían ser revertidos en octubre, pero el cuadro de expectativas será diferente y habrá que atravesar dos meses cargados de interrogantes. 

Todo light 

Los 30 días de campaña electoral que desembocaron en la jornada de hoy mostraron en la mayoría de las fuerzas una novedosa modalidad de hacer proselitismo. 

Parece contradictorio cuando hay que llegar con el mensaje a la mayor cantidad de gente posible, pero fue el bajo perfil y una exposición muy limitada lo que caracterizó la performance de Cristina. Habló poco, se la vio menos y mostró una imagen de modestia que no irradiaba cuando ocupaba la Casa Rosada. 

En el caso de Cambiemos, los candidatos y sus padrinos políticos salieron de recorrida con los clásicos timbreos y tuvieron asistencia perfecta a todos los programas de los medios audiovisuales a los que fueron invitados. 

Todos los partidos se cuidaron de no hacer derroches en la inversión publicitaria y eso se debió a los mayores controles del financiamiento electoral y en especial a que todavía falta el tramo decisivo hacia los comicios del 22 de octubre. 

Pero aunque puedan establecerse vínculos inevitables, no todo fue campaña la última semana. Las buenas noticias difundidas por el Indec sobre la recuperación de la actividad en varios sectores de la economía fueron a la vez sacudidas por la presión alcista del dólar. El Banco Central tiene ahora las reservas suficientes como para hacer frente a esas demandas, pero debió intervenir con firmeza para evitar mayores problemas. 

Los especialistas dicen que el movimiento de la moneda norteamericana obedece en parte a cuestiones técnicas y en parte a la incertidumbre política. Es ya un clásico de la Argentina frente a cualquier elección importante. 

El 1,7 por ciento de inflación de julio vino también a consolidar la reducción interanual y a fijar una acumulación del 13,8 por ciento en lo que va de 2017. De todos modos, la variación del dólar y el traslado a algunos precios impactará en la medición de agosto. 

El pasado 

Los otros dos hechos destacados de la semana fueron la desaparición de Santiago Maldonado y la decisión de la Corte Suprema de Justicia sobre la candidatura de Carlos Menem en La Rioja. El primero, no fue visto más desde el 1 de agosto cuando participaba de un acampe de protesta mapuche en Chubut e intervino Gendarmería Nacional. El caso representa una seria preocupación para el Gobierno y también para toda la sociedad, que aspira a vivir una democracia sin episodios de este tipo que recuerdan las etapas más oscuras del país. 

En cuanto a Menem, que fue inhabilitado por la Cámara Nacional Electoral por tener condena de doble instancia por el contrabando de armas a Ecuador y Croacia, recurrió a la Corte y en cuestión de horas provocó un fallo sin precedentes. El Tribunal decidió resolver si la candidatura es válida no para hoy sino para la elección de octubre, pero en forma simultánea se expedirá sobre la cuestión de fondo, es decir, si el ex presidente es culpable o no. 

El criterio que habría privado en los cinco miembros de la Corte es que el fallo de la Cámara Electoral es, desde el punto de vista jurídico, “una aberración”. Fuentes de Tribunales señalan que ese fallo quedará abstracto si los supremos consiguen expedirse sobre la culpabilidad de Menem antes del 12 de setiembre, que es el límite para oficializar candidaturas para octubre. 

La causa lleva 20 años, tiene dos sentencias condenatorias y es muy probable que la Corte las ratifique. En ese caso, Menem no podrá aspirar a un nuevo período como senador y a disfrutar de los fueros parlamentarios. Salvando las distancias y por razones diferentes, es imposible no imaginar paralelismos con lo que podría suceder en el futuro con Cristina Fernández.