• Miércoles, 8 de febrero de 2017
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Consolidación del avance sobre el valle de Aconcagua

Luego de cruzar las altas cumbres, las tropas del Ejército de los Andes consolidaron su posición en los valles del centro de Chile que conducían a Santiago, mientras los realistas retrocedían.

Oriana Pelagatti - Facultad de Filosofía yLetras, UNCuyo

El ataque simultáneo a Guardia Vieja y Achupallas que había tenido lugar el 4 de febrero no sólo alertó a los realistas, que decidieron concentrar sus fuerzas en el centro de Chile, al mismo tiempo, permitió que las vanguardias aseguraran el avance del grueso del Ejército de los Andes.

El 7 de febrero, las tropas comandadas por el brigadier Soler derrotaron a las fuerzas del rey en Las Coimas, y entraron a San Felipe, capital del partido de Aconcagua, donde se concentraron las tropas que marchaban por el camino de Los Patos.

En la mañana del 8 de febrero arribó a la villa el General San Martín. Inmediatamente, le escribió a Las Heras: “Mi amigo: todo el Ejército está en ésta y sólo faltan noticias de usted. Ahora mismo salen partidas a Chacabuco, pero venga una relación sucinta y pronta”.

Hasta entonces, sus instrucciones se iban plasmando en el terreno auspiciosamente, aunque todavía no sabía qué había sucedido con la división que había marchado por el camino de Uspallata. 

Hacia Santa Rosa de los Andes 

El mismo día, desde Santa Rosa de los Andes, Las Heras describió, en unas pocas líneas, los logros de la división a San Martín. Después de derrotar a los realistas en Guardia Vieja en la madrugada del 4 de febrero, la avanzada patriota dirigida por el sgto. mayor Martínez, había retornado a Juncalillo para esperar el avance de las fuerzas que caminaban por Los Patos y, evitar un enfrentamiento con las tropas enemigas ubicadas en Santa Rosa, que eran más numerosas. 

A pesar de la satisfacción de esta primera victoria, la situación era compleja y Las Heras escribió a Beltrán para que le enviasen charque, harina y galleta para alimentar a los prisioneros y la tropa; por otra parte, los movimientos de la división estaban limitados ya que el estado de las mulas era tan malo que se vieron obligados a marchar a pie.

La situación explica que los santos y señas usados aquellos días, inscriptos en el cuaderno de órdenes que llevaba la división, tendieran a fortalecer el espíritu de la tropa exaltando sus acciones. El utilizado el 4 de febrero era: “El bravo argentino traspasó los Andes”; y el del 5: “La vanguardia ha entrado en el valle”.

Aquel día se controló el armamento, se repartieron municiones y víveres. El Cnel. Las Heras se puso en contacto con los oficiales realistas de Santa Rosa para intercambiar los prisioneros de Guardia Vieja por los de Picheuta, e intentando disimular su objetivo, les ofreció hacerlo en Picheuta, dándole a entender que iba en retirada.

 Pero, en la mañana del 6 de febrero, las tropas comenzaron a avanzar hacia Santa Rosa. En Guardia Vieja se enterraron los muertos del combate, y continuaron la marcha. 

El 8 de febrero, Las Heras adelantó a los espías y baqueanos para observar el movimiento de los realistas, y estos retornaron con la noticia de que habían abandonado la villa. Sin embargo, una guerrilla enemiga saqueaba a sus habitantes, por lo que se envió en su persecución a una partida patriota que la alcanzó en la cuesta de Chacabuco. A pesar del estado de los caballos, la escaramuza resultó favorable a los revolucionarios, que les quitaron 60 caballos, 6.000 cartuchos y mataron a un soldado. 

La toma de Santa Rosa no fue problemática y le reportó al ejército 18 bultos de charque y 200 de galleta, que alivió la situación de las tropas. Los realistas también habían abandonado 4 cureñas, 2 carros, munición para cañón, fusiles, cartuchos, herramientas y un botiquín.

Las Heras escribió a Beltrán anunciándole que los “enemigos aterrados del ataque del 4”, se habían “fugado abandonando la villa”, y ordenándole que marchara a “mata mula”, para acelerar el traslado del parque de artillería.

Los acontecimientos y las noticias no podían ser mejores para los revolucionarios, mientras la división de Las Heras entraba en Santa Rosa, se enteraron de los triunfos de las fuerzas de Soler. El valle estaba dominado por las tropas del Ejército Libertador. 

El Director Supremo y el General 

La noche de aquel día, San Martín comunicó al Director Supremo los resultados de la campaña. Después de resumir las dificultades del cruce de la cordillera, exaltaba el éxito alcanzado en los primeros combates: “Si vencerle [el camino de Los Patos] ha sido un triunfo, no lo es menos haber principiado a vencer al enemigo”.

Aunque el balance que ofrecía el General era positivo, ya que “el enemigo ha abandonado absolutamente toda la provincia replegándose a Santiago”, no ocultaba las dificultades que enfrentaba.

El estado de los caballos y las mulas había inmovilizado al ejército: “A mi pesar no puedo allí seguirles hasta dentro de seis días, término que creo suficiente para recolectar cabalgaduras en que movernos y poder operar. Sin este auxilio nada puede practicarse en grande. El Ejército ha descendido a pie; 1.200 caballos que traía con el fin de maniobrar con ellos, no obstante las herraduras y otras mil precauciones, han llegado inútiles”. 

Los días siguientes y la colaboración de la población serían fundamentales para poner al ejército en pie de guerra. 

La descripción de las primeras operaciones del ejército contra los realistas dio a San Martín la oportunidad de destacar el mérito de los oficiales que comandaban las tropas; elogiaba el valor y acción de Arcos, Necochea, Soler, O’Higgins, Las Heras y Martínez, y no olvidaba incluir copias de los partes de los enfrentamientos que detallaban los nombres de los oficiales que se habían destacado, la duración de los enfrentamientos, el número de bajas y de heridos y prisioneros. 

A medida que iban llegando a Buenos Aires noticias de la expedición por correos extraordinarios desde Mendoza, Pueyrredón ordenaba su publicación en la Gazeta de Buenos Ayres “para satisfacción de los ciudadanos patriotas, y para que los enemigos de la libertad conozcan si pueden faltarnos recursos para resistir todas sus maquinaciones”.

Éstas, serían repetidas y celebradas en todos los rincones de la geografía revolucionaria y terminarían formando parte de la memoria colectiva, forjando, al mismo tiempo, la reputación de los guerreros de la independencia. El relato de la guerra que los partes difundían, tanto como los resultados de las acciones mismas en el campo de batalla, iban asentando los cimientos del, todavía lejano, Estado nacional. 

Marcó del Pont y las dificultades de la defensa

Desde el 4 de febrero, las autoridades realistas tenían claro que los insurgentes rioplatenses se concentraban en el valle de Aconcagua y amenazaban Curicó y Talca. 

El 5 de febrero, luego de que se conociera en Santiago el ataque a Achupallas y Guardia Vieja, Marcó del Pont convocó un Consejo de Guerra para diseñar la estrategia de la defensa. Se analizaron varias alternativas y se descartó la propuesta por el General Maroto de abandonar Santiago y resistir en el Sur hasta que llegaran refuerzos desde Lima.

Se decidió proteger la capital robusteciendo las tropas del valle de Aconcagua, hacia donde se enviaron 200 carabineros de Abascal, y concentrar las fuerzas dispersas entre Colchagua y Talca en Santiago. A los pocos días, se conoció el enfrentamiento de Las Coimas, que fortaleció la posición de los insurgentes. 

El 8 de febrero, mientras las fuerzas de Las Heras entraban en Santa Rosa de los Andes y San Martín preparaba sus movimientos en el cuartel general de San Felipe, Marcó del Pont mandó a Valparaíso al brigadier realista Manuel Olaguer Feliú a organizar la eventual retirada del ejército rumbo a Lima por mar.

En carta al gobernador de Valparaíso, realizó un balance de la situación militar del reino que exhibe las dificultades que encontraba para defender Chile tanto como la angustia con la que se vivieron aquellos días entre las fuerzas leales al rey: “Los enemigos por todas partes asoman en grupos considerables y cada día descubren más sus ideas de comprometernos, llamándonos la atención por todas partes para apoderarse a un tiempo mismo del reino todo, o para dividir nuestras pocas fuerzas para tamañas atenciones. Si ocurro a ellas, según se presentan, muy en breve disminuiré mi pequeño ejército con las pérdidas que son consiguientes [...] expuesto a malograr mi fuerza, que pudiera desde luego contrarrestar la de los invasores, si los pueblos estuvieran en nuestro favor; pero levantado el reino contra nosotros, y obrando de acuerdo con el enemigo, toda combinación es aventurada, y todo resultado incierto”. 

La invasión de los insurgentes había precipitado los acontecimientos y el enfrentamiento que temía Marcó del Pont ya era inevitable, aunque no estaba claro el lugar y el momento en el que ocurriría. 

 

Silueta biográfica

José Matías Zapiola, comandante del 1er y 2do escuadrón de Granaderos a Caballo. 

Origen. Nació en Buenos Aires en 1780 en una familia de la élite porteña. Era hijo de un militar español casado con María Encarnación de Lezica, hija del fundador de Luján. 

Carrera militar. Hacia 1796 concluyó sus estudios en la Escuela Naval de la península, e ingresó a la marina. Estuvo destinado en Montevideo y en Buenos Aires, donde combatió a los ingleses. En 1810, fue dado de baja por su adhesión a los revolucionarios y enviado prisionero a España, pero consiguió huir. Logia Lautaro.

En Cádiz se unió a la logia secreta formada para luchar por la independencia americana y conoció a Alvear y San Martín, con quienes llegó a Buenos Aires en 1812. Se incorporó al Regimiento de Granaderos a Caballo con el grado de capitán y luchó en la Banda Oriental.

Fue uno de los fundadores de la Logia Lautaro y perteneció a las filiales que funcionaron en Mendoza y Santiago. 

Gesta sanmartiniana. En 1815 llegó a Mendoza como comandante del 1er y 2do escuadrón de Granaderos a Caballo. Combatió en Chacabuco, Cancha Rayada, Maipú y en la segunda campaña al sur de Chile.

En Buenos Aires. En 1819 regresó a Buenos Aires y se incorporó a la Marina de las Provincias Unidas, pero, en la década de 1820 obtuvo su baja y se dedicó a las actividades ganaderas. Apoyó a los unitarios, pero no participó en las guerras civiles.

Cuando concluyó la hegemonía rosista, retornó al servicio activo y fue funcionario del gobernador de Buenos Aires Valentín Alsina.

Fin. Se retiró a la vida privada en 1859 y murió en 1874.  

 

Homenaje

Escuela. La 1-605 de San Carlos lleva el nombre Matías Zapiola.

Espacios. Además de algunas calles en distintos puntos de Mendoza, en su honor, como héroe de la Independencia de Argentina y Chile, una pequeña localidad del Partido de Lobos, provincia de Buenos Aires, lleva su nombre.

Originalmente la misma se denominó “General Zapiola” para posteriormente llamarse simplemente “Zapiola”.

 

Bibliografía

- Guerreo Lira, Cristián, “La defensa militar de Chile en 1816-1817”. Revista Escuela de Historia. vol. 13, Nº 1, Salta, jun. 2014.
 

- Rabinovich, Alejandro, “La gloria, esa plaga de nuestra pobre América del Sud. Ethos guerrero en el Río de la Plata durante la Guerra de la Independencia, 1810-1824. Nuevo Mundo Mundos Nuevos. [en línea] Debates, 2009.