• Domingo, 16 de julio de 2017
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Bares y algo más: los puntos de encuentro para los fanáticos

Son sitios abiertos a todo público, pero poco a poco fueron adoptados como propios por ciclistas, moteros, skaters, apasionados y aficionados a la montaña. Además de compartir su actividad, se juntan alrededor de la mesa.

Ignacio de la Rosa - idelarosa@losandes.com.ar

Tal vez no es el mote de “bares temáticos” el que mejor los describa, teniendo en cuenta que la mayoría son locales que existían desde antes y que no cierran sus puertas a otras personas.

Pero lo cierto es que se trata de espacios que fueron haciendo propios distintos grupos de mendocinos, quienes los adaptaron como punto de encuentro. Y hoy son sinónimo de cierto tipo de clientes o “tribus”, si es que se permite reflotar aquel término que se puso de moda en la época de las tribus urbanas.

Ciclistas, moteros, skaters y andinistas -o simplemente amantes del trekking- son algunos de los grupos que, a fuerza de coincidir en su rutina, han convertido algunos bares y locales gastronómicos de la provincia en sus puntos de encuentro. Y en estos sitios también aprovechan esta oportunidad para mimarlos y de esa manera se sientan en “su bar”.

“Tenemos una clientela fija y los mismos que vinieron alguna vez a arreglar la bici se han integrado al grupo y ahora hacemos salidas los días de semana y los fines de semana en bicicleta. Y los viernes y sábados hacemos un asadito entre todos. WhatsApp nos ha permitido crear un grupo y que sigamos todos en contacto”, contó Matías Carballo, uno de los propietarios de La Cleta (Pedro Pascual Segura 1.464, de Godoy Cruz). En el grupo de ciclistas hay cerca de 30 personas, la mayoría fijos y otros tantos que se suman de forma pasajera. 

 


Pedalear y algo más

“La Cleta no es un bar, sino que es una bicicletería donde se puede tomar algo. Es un punto de encuentro, mitad bar - mitad bicicletería”, resumió Matías en el patio frontal del local que -no casualmente- se encuentra frente a uno de los tramos de la ciclovía de Godoy Cruz.

Como bicicletería tienen ya varios años -antes se encontraba en la zona de la Panamericana-, pero en enero de 2016 se instalaron en la sede actual. “En marzo del año pasado abrimos la bicicletería acá y es un lugar con una energía muy linda, por eso se nos ocurrió el proyecto de sumar algunas mesas, una heladera y agregarle la parte de bar. Anduvo muy bien desde el principio, ya que hasta hemos hecho recitales y ferias en el lugar”, resumió el joven.

Ahora en invierno la frecuencia de los encuentros en el lugar se reduce un poco, sobre todo por las bajas temperaturas. Pero están los ciclistas y amigos de siempre que no aflojan, y que comenzaron yendo para el arreglo de la bici y hoy siguen frecuentando La Cleta para tomar algo o bien compartir un asado los fines de semana.

Junto a Matías están sus hermanos Marcelo y Rodrigo, y los tres dedican su vida profesional a actividades ajenas a la bicicleta. Por esta razón es que definen este espacio como “un cable a tierra, donde lo importante es la energía y la buena onda”.  

Juani Giordano (18) es uno de los miembros más jóvenes del grupo. “Me sumé hace 3 años y conocí a los chicos en la otra bicicletería. Me agregó al grupo de WhatsApp y empezamos a organizar salidas a pedalear por Potrerillos, los senderos de Chacras, el dique Frías y otros lugares. Todos los martes y jueves salimos a la tarde, y es buenísimo porque no sólo te mantiene en forma en lo físico, sino que también aporta en lo social con la unión del grupo”, resumió Juani.

Cada sábado, antes de salir con la bicicleta, hacen campo base en La Cleta. Allí comparten un desayuno (en verano hasta hacen degustación de licuados), y salen para luego regresar y -si el tiempo es bueno y la situación lo amerita- compartir unas carnes a la parrilla.

Los miembros de esta comunidad no saben de límites de edad. Por eso está Juani (18), pero también han participado ciclistas de casi 70 años también. “Hace 4 años empecé y disfruto muchísimo de esto: del aire libre, de juntarnos un rato a hablar de nada. Es un ambiente muy lindo y yo ya traigo a mi hijo para que me haga pata”, resumió sonriente Dante Giannoni (51). Junto a otras nueve personas, este hombre se encontraba compartiendo un momento en la bicicletería - bar. Y -salvo una excepción- ninguno había llevado la bicicleta.

 

“En marzo del año pasado abrimos la bicicletería acá y es un lugar con una energía muy linda, por eso se nos ocurrió sumar algunas mesas.”

 

“Acá hemos hecho de todo: desde clases de yoga hasta un bautismo y un cumple de 15. Tampoco ha faltado ese que se pasa un poco con la cerveza y termina durmiendo en el sillón. A ese lo tapamos un poquito para que no tome frío”, sintetizaron entre risas los amigos.

También para los ciclistas, aunque en este caso los adeptos a los senderos de Chacras y al mountain bike, los locales ubicados en la Panamericana se han convertido en puntos de encuentro.

Se trata de algunos comercios y puestos ubicados en la zona de la cancha de Chacras, donde es muy común encontrar a estos grupos los sábados y domingos por la tarde. 


Amantes de la montaña

El cerro Arco es uno de los destinos preferidos por los amantes del montañismo y maratonistas (aficionados, turistas y hasta aquellos más preparados que lo frecuentan periódicamente para seguir entrenándose). Y como buen clásico, también tiene sus habitués visitantes que ya lo han agregado a su rutina semanal o periódica.

El puesto Puerta de la Quebrada, ubicado en la base del cerro, también es parte de esta escapada y se ha convertido en el punto de encuentro por excelencia.

“La mayoría de nuestra clientela es fija. Son grupos que periódicamente hacen trekking o entrenan para maratones y después se reúnen en el puesto. Además producimos nuestra propia cerveza y licores, y hay todo un museo de la montaña que es una atracción”, resumió Domingo Álvarez, dueño de la Puerta de la Quebrada.

Un clásico en el lugar son los ascensos de luna llena, y que siempre son coronados con un asado para quienes se inscriben en la actividad. Esto también cuenta con un público fijo -muchos de ellos se reúnen una vez al mes con esta actividad-, y no son pocos quienes deciden experimentarlo una vez en la vida. Estos recorridos se extienden entre setiembre y mayo, mientras que en invierno quedan en stand by ya que las temperaturas son muy bajas.

“Hay dos cerros que se pueden ascender: el Arco (543 metros de desnivel) y el Áspero (900 metros de desnivel), por lo que es un lugar de entrenamiento muy bueno. También se juntan muchos runners, por lo que desde el principio pensamos en que fuera un punto de encuentro para antes y después de la expedición”, resumió Domingo, quien se instaló en esa zona del pedemonte en abril de 2004. “En ese momento venía muy poca gente. Pero ahora ha crecido muchísimo, y vienen muchas familias”, sintetizó.

Si bien por estos días de vacaciones el cerro Arco es frecuentado todos los días por muchos visitantes, generalmente los fines de semana recibe el grueso de fanáticos de esta actividad. Y es en estos momentos cuando siempre hay espacio para un asado o unas empanadas al horno.

 


Break skater

Después de toda una tarde de patinar, saltar e intentar una y otra vez una destreza específica (por lo general, hasta que sale) en la plaza de Chacras; Francisco (17), Martín (18) y Danilo (13) se trasladan junto a todos sus amigos skaters el bar drugstore Happy Monday. 

“Este es el ‘point’ y está frente a la plaza, ahí nos vamos a tomar una gaseosa después de patinar. Siempre suele ser así, el punto de encuentro es algún bar que esté frente a la plaza donde estemos patinando. Cuando lo hacíamos en la plaza San Martín, era algún bar de en frente también”, resumió Francisco Martínez. “En una época íbamos también al Terrazas (un quiosco ubicado en un complejo de calle Italia, también de Chacras de Coria). Pero parece que se lo comió la inflación y está carísimo. Además quedaba más lejos, por eso cambiamos para acá”, resumieron los adolescentes.

Desde hace casi 8 años los amigos formaron este grupo -son 8 skaters al menos, y siempre se suma algún otro ocasional- y una tarde juntos puede comenzar cerca de las 16 y no terminar hasta pasadas las 22. “En verano estamos hasta tarde y muchas veces nos vamos a comer una pizza todos juntos después de andar en skate. Venimos mucho a la plaza de Chacras porque vivimos acá, pero si un día pinta irnos a Junín o a Rivadavia a patinar, nos organizamos y vamos. Son dos lugares que tienen muy buenos skateparks”, resumieron.

Justamente este aspecto es donde ellos encuentran un déficit en toda la provincia. “Se han hecho muchos intentos de hacer un skatepark y hay voluntad. Pero generalmente los hacen como ellos quieren, con rampas que no están bien hechas. Entonces terminan no sirviendo y no va nadie. Sería bueno que nos incluyan en la planificación y nos tengan en cuenta”, siguieron Fran y Tincho. “Un buen lugar sería bueno para nosotros -porque tendríamos donde estar tranquilos y contentos- y buento también para toda la gente que dice que molestamos en la plaza”, cerraron la idea.

Para los chicos, es “terrible” que los hayan corrido de la plaza San Martín, y creen que es cuestión de tiempo para que los corran de otras plazas y espacios. “Es muy difícil sacar el skate de las calles de Mendoza, pero un skatepark sirve. Ojalá puedan hacer uno en el parque O’Higgins como anunciaron”, resumieron.

Danilo es de los más chicos, y también está creciendo con toda la cultura skater incorporada. “Hace unos 4 años empecé a venir, y fue como que uno de los chicos me apadrinó. Siempre me enseñan cosas nuevas, me protegen y también estoy con ellos cuando van a tomar una gaseosa o a comer algo”, explicó el adolescente de 13 años. 

Los fanáticos de las motos también tienen su lugar en Mendoza para compartir alguna picada y -por qué no- unas cervezas. Se trata del bar Liverpool (Rivadavia y San Martín, de Ciudad), y casi todos los viernes por la noche es el sitio elegido para el “cónclave motero”. Las motos estacionadas en la puerta del bar también se convierten en un atractivo para los transeúntes, entre quienes no faltan aquellos que sacan fotos con sus celulares.