• Miércoles, 5 de julio de 2017

20 años no son nada

En 1997, Atlético Club San Martín lograba el ascenso al Nacional B. Un equipo inolvidable y un sueño forjado en el corazón de un pueblo.

Juan Azor - jazor@losandes.com.ar / Twitter: @JuanAzor

Con el tiempo, la magnitud de ciertos eventos se vuelve imposible de medir. El sentimiento, las emociones y, sobre todo, el clamor popular reconstruyen tales hechos a su antojo. Cada narración tiene un nuevo elemento que la vuelve mágica. Del abuelo al nieto se incorporan nuevos detalles y, en medio, el padre elige no corregir el relato, para que la leyenda siga de generación en generación.

Y en ese altar mayor de dioses albirrojos, montado por quienes se animaron a copar la popular con apenas un gorro, una bolsa de mandarinas y una spika, andará el “Vikingo” Maladot, con su pelo largo y su categoría inobjetable como espada; o quizás pueda colarse Gustavito Agüero, que hizo delicias desde su botín zurdo, empapado de algún encanto desconocido; o el Panza Videla y el Colorado Bertolini, dos que se sacrificaban hasta la inmolación; o tal vez Félix Morán, que supo ganarle a las presiones para jugar con la risa como principal cómplice de sus goles. 

Tantos caballeros sin armaduras vendrán a la mente de los memoriosos a la hora del repaso: Mauricio Magistretti y su enorme talento para defender sin rudeza; el “Tano” Giménez para colgarla de la nube más lejana o Cristian Gautier para seguir corriendo cuando el sol  se dejaba enamorar por la noche. Incluso el “Cañi” Luque surge en el repaso de aquellos héroes. El hijo pródigo que se hizo hombre durante aquel maravilloso año.

 

 

Inolvidables y épicos enfrentamientos ante Independiente Rivadavia; sufridos cruces cuyanos ante los equipos sanjuaninos y un periplo que tuvo su punto cúlmine en San Rafael, donde el “Colo” Bertolini le puso la panza, o el pecho, o la rodilla (¿importa ya?) a una pelota que cayó sobre el arco para desatar el delirio en el Este, para contarle al fútbol nacional que volvía un histórico de los torneos de ascenso.

Al abuelo puede estarle fallando la memoria y quizás los hechos no sean como él los recuerda. O sí. Tal vez, ese grupo de hombres se formó en la intimidad de una pretemporada, realizada de madrugada, para que el plantel entendiera el sacrificio de quienes a esa hora se levantaban a pelearle a la vida. No se podía defraudar al pueblo “albirrojo”. No estaba permitido.

 

 

 

"Un San Martín gigante, de la mano del Tachuela"

Hugo Fuentes ( cubrió la campaña de San Martín 96/97)

Otra obra maestra de Alberto Isaías Garro. Así se recordará a ese Atlético Club San Martín que logró el ansiado ascenso al Nacional B.

Como lo había hecho con el Tomba, dos años antes. A ese círculo privilegiado había pertenecido también el Deportivo Maipú hasta el descenso del ‘92. Entonces, en el Este buscaron una receta efectiva: el Tachuela tenía un ascenso e iría por otro con el Chacarero. Largo, parejo, arduo. Así resultó esa campaña del Albirrojo con muchos jugadores mendocinos, algunos refuerzos y muy pocas figuras.

Recuerdo que al no tener un '9' de área, goleador, Garro recurría al manejo de volantes, superpoblación y mucha dinámica. Ramón Ceferino Videla, Gustavo Agüero, Bertolini y el eterno Vikingo Maladot, que ingresó desde el banco en la final. Y si del partido decisivo se habla, cómo olvidar ese peregrinar hacia el Sur provincial de tantos, pero tantos hinchas chacareros.

Es que en el Gigante de Pueblo Diamante se definía la historia. El mismo día, a pocos kilómetros, la Lepra, nada menos que el Azul del Parque, llegaba con la esperanza que el León trastabillara, a la cancha de Monte Comán. Pero no hubo milagro para los leprosos. Sí hubo festejos albirrojos, caravana y fiesta. El gol de Bertolini, el ascenso, y el milagroso Rey León, había vuelto. Había llegado a la B Nacional, y no era poca cosa.