• Lunes, 17 de abril de 2017
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¿Por qué fracasan los emprendedores?

Por Roberto B. Mena - Especialista en Marketing Estratégico

La actividad emprendedora en la Argentina es alta y dinámica, según un estudio elaborado por el Global Entrepreneurship Monitor (GEM). 

El Informe Mundial - Global Entrepreneurship Monitor (GEM) 2016/17 estima que la mayor cantidad de emprendedores del mundo están entre las edades de 25 y 44 años.

Argentina presenta un perfil similar al del resto del mundo y mantiene la tendencia de los últimos años, con la mayor cantidad de emprendedores entre los 25 y los 44 años. De a poco hay emprendedores más jóvenes entre 18 y 24 años, pero también se observa un crecimiento en emprendedores entre los 44 y los 64 años, gente mayor que cierra un ciclo en su vida laboral y profesional e incursiona en el mundo emprendedor."

Pero ¿por qué el 70% de los emprendimientos fracasan antes de los 3 año de vida?, según una encuesta de CAME (Confederación Argentina de la Mediana Empresa). 

¿Cuáles son las causas de ese fracaso? 

Desde mi punto de vista, la razón principal que explica la mayoría de los fracasos tiene que ver con la falta de un modelo de negocio y un proyecto innovador. Independiente del entorno económico, la calidad de la educación y las políticas públicas que son vitales para estimular, apoyar y sostener emprendimientos, como la reciente Ley de Emprendedores promulgada por el gobierno, el no generar un modelo de negocio al comienzo del proyecto es un error crítico que comete el emprendedor, ya sea por desconocimiento o por no comprender que esta herramienta, que tiene su complejidad y exige un esfuerzo creativo extremo, será la representación de cómo se competirá en el mercado dentro de un entorno con todas las fuerzas involucradas. 

Cuando se genera el modelo, se anticipan las posibles fallas comprendiendo las debilidades y fortalezas del proyecto en todas sus áreas y procesos. 

Los errores más comunes que se observan, cuando se estudia un emprendimiento desde la perspectiva del modelo de negocio, se relacionan con factores del siguiente agrupamiento: falta de capital y financiamiento adecuado; desconocimiento de las herramientas modernas de gestión; innovación inadecuada en el producto y servicio, o demasiada imitación y baja diferenciación; no se conoce el pensamiento del cliente y lo que éste desea o necesita; desconocimiento de estrategia y marketing; y, por último, lo que podríamos denominar: factores psicológicos, emocionales y culturales, donde el egocentrismo del emprendedor, el manejarse solo con la intuición, y la falta de predisposición para trabajar en equipo, sobresalen como características que nos identifican. 

Para entrar en lo profundo y escarbar en las causas del fracaso de muchos proyectos, hay que comenzar por el principio. Donde está estampado, como una profecía, el futuro de la empresa. Porque si el puntapié inicial se hace mal, chau emprendimiento. 

Esta génesis tiene que ver con la ideación del negocio imaginado por el emprendedor, vinculando la idea o prototipo con el conocimiento del cliente y las fuerzas del mercado. 

Superando este punto de inicio, donde el entusiasmo, la intuición y la creatividad son los motores de arranque, llegamos a lo que debería hacerse técnicamente y que en la mayoría de los casos se pasa por alto: la generación de Modelos de Negocio, herramienta que ayuda a proyectar las posibilidades de éxito de la nueva empresa, confirmando si las intenciones son soportadas por las reales capacidades. 

En su generación y exposición gráfica, el Modelo de Negocio visualizará todos aquellos procesos y recursos con los que la empresa creará, producirá, proporcionará y captará valor para entregárselo a sus clientes objetivos, sin descuidar el entorno económico, social y político. Y, lo más importante, el modelo será la "inteligencia" desde donde se pensará la estrategia, porque sin estrategia no hay negocio. 

Estamos acostumbrados a escuchar que el plan de negocio es lo más importante para justificar lo que la empresa será y así tentar a los inversionistas. Sin embargo, el modelo de negocio, con sus "conectomas" que vinculan las distintas actividades o módulos del proceso, situará al emprendedor en el funcionamiento simulado del proyecto y le mostrará cuáles son sus competencias distintivas que diferencian su propuesta de los competidores y la hace atractiva para posicionarla en un espacio exclusivo en la mente del cliente, sumando atributos y beneficios, tangibles e intangibles, en una ventaja competitiva difícil de imitar, independientemente de la propiedad intelectual o patente que se tenga. 

A partir de un Modelo de Negocio, claramente diferenciado, entraremos en el Plan de Negocio que se utilizará como guía durante el camino a recorrer, tomando las decisiones y acciones estratégicas y de marketing adecuadas.

Argentina no se destaca por la innovación que impulsa a emprender, como se observa en otros países de la región. Sin embargo, aun así, hay quienes se involucran en actividades emprendedoras, no solo para sobrevivir o reemplazar un mal empleo, sino para sentir la emoción y la pasión de encontrar ideas y desarrollarlas para que emerjan en una nueva empresa que numerosas veces se queda en el camino. 

Tengamos en cuenta que, en promedio y en las PYMES, el empresario argentino es intuitivo y autosuficiente por naturaleza y niega sistemáticamente los nuevos conocimientos y se aleja de los avances tecnológicos, y de la obligación de capacitarse continuamente para tener una mejor mirada de un mundo cada vez más competitivo, movido por cambios vertiginosos que acentúan la incertidumbre para actuar.

Un Modelo de Negocio bien generado, se convertirá en un barco que sorteará tormentas y aclarará el horizonte y aumentará la visión del emprendedor para lograr los objetivos. Por el contrario, un emprendimiento donde esté ausente la creatividad y la discusión de posibilidades y oportunidades descriptas en un Modelo de Negocio, solo se sostendrá por las ideas, por la voluntad y por la energía del emprendedor hasta que el proyecto se desangre. Finalmente, todo se irá al basurero de los fracasos. ¡Qué lástima, se pudo evitar! 

Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de Los Andes.